viernes, 29 de enero de 2016

EL GRINGO TOSCO Un recuerdo de ese gran militante sindical que fue Agustín Tosco relatado por Osvaldo Bayer

EL GRINGO TOSCO

Un recuerdo de ese gran militante sindical que fue Agustín Tosco relatado por Osvaldo Bayer

 Agustín Tosco


Qué alegría profunda. Poder verlo de nuevo a Agustín Tosco en el video documental Tosco, grito de piedra, de Adrián Jaime. Tosco, como siempre, lleno de vida, saludando con el puño izquierdo cerrado. Oírlo en los grandes mitines de la gloria de los obreros de aquellos tiempos. Hablar claro, decir la cosas sin temor a las calificaciones partidistas. Agustín Tosco, el mejor líder obrero que conocí en mi vida. Un Hijo del Pueblo.
Los monumentos en la Argentina no están para los hacedores de la dignidad y de la solidaridad sino para los generales genocidas, como aquel del “desierto”. Para los héroes del pueblo, y más si es bien de abajo, no hay monumentos. No, ahí, en este documental, aparece tal cual fue: con su ropa humilde, con su rostro al frente, con su palabra clara, absolutamente clara y sus propósitos de llevar justicia a todos los barrios.
Lo conocí en el congreso organizativo de la CGT, en 1956. Congreso que era nada menos que presidido por un capitán de navío, Patrón Laplacete. Nada menos. Las Fuerzas Armadas con el automandato de ser ellas las que dictaban la vida obrera. Realidades argentinas. Pero también ese dirigente obrero de 26 años, allí con esa claridad y ese coraje civil a toda prueba: no, señores, así no se hacen las cosas. Ni con bombardeos, ni a balazos, ni con cárceles, ni dictaduras uniformadas. Sí con asambleas y con marchas por la calles. A los 27 años de edad ya era secretario general de Luz y Fuerza de Córdoba.
El film sobre él nos trae los momentos fundamentales. Tosco en las calles del Cordobazo, Tosco en las asambleas obreras, Tosco en los actos con miles de obreros y estudiantes. Su palabra. Un país para todos, con pan para todos, con techo para todos, con escuelas para todos. Y fundamentalmente con trabajo para todos, y allí, los obreros, sí el trabajo, pero también cultura, y las horas de descanso para la cultura, jugar con sus niños, el amor con sus mujeres. Agustín Tosco, cariñosamente “El Gringo”. Querido para siempre, para siempre en el recuerdo.
Voy en busca de algo que escribí hace doce años. Cuando los “gordos” de la CGT trataban por todos los medios de ningunear la figura más limpia de la historia sindical argentina de las décadas del ’60 y del ’70. Y lo dije así: “Tosco no era antiperonista, era antiburócrata. Un enemigo acérrimo de la burocracia sindical. Porque justamente allí, para él, estaba el cáncer del movimiento obrero: la falta de democracia de base, el caudillismo, la prebenda, el acomodo, en fin, la corrupción”. Barrionuevo, un símbolo de todo eso. “Es decir, el fiel reflejo de la falta de democracia interna que perennemente habían padecido los dos partidos clásicos de la política argentina.” Y en esto no fue con eufemismos. Siempre los denunció, sin pelos en la lengua, con el adjetivo que los pintaba de cuerpo entero. Basta con dos ejemplos. Dijo Tosco, textualmente: “Rucci y sus discípulos son prisioneros por sus compromisos con los detentadores del poder, presos de la custodia que les presta el aparato policial; presos de una cárcel de la que jamás podrán salir: la de la claudicación, indignidad y participacionismo”.
Hombre fundamental en el Cordobazo, una de las rebeliones justas más increíbles de la historia de nuestro pueblo. Obreros y estudiantes. Lucha a brazo partido contra el Ejército. Y esto aparece en el film en escenas que muestran todo el arrojo de la gente para terminar con las humillaciones. Son muy sentidas las intervenciones de los testigos, protagonistas muy cercanos a este luchador de abajo, cuando relatan las características personales de Tosco en esos días. Por supuesto, la cárcel. Las injustas detenciones bien prolongadas que sufrió este dirigente de Luz y Fuerza. Condenado a ocho años por un tribunal militar, recuperó la libertad a los diecisiete meses. Sus cartas: nunca vencido, nunca lágrimas, siempre esperanzas.
Trelew. Cuando el golpe contra la cárcel que liberó a dirigentes del ERP trató de liberarlo también a Tosco, él se negó. Creía más en la fuerza de sus compañeros de las fábricas que obligarían a la dictadura militar a finalmente dejarlo en libertad. Un momento indescriptible cuando sale, por fin, de atrás de las rejas para respirar nuevamente el aire de la libertad.
El retorno de Tosco a Córdoba fue triunfal.
Y seguirá siendo él mismo un dirigente sindical que primero trabajaba y luego era dirigente, sin ningún dinero adicional, ni auto con chofer. Su línea fue clara: alianza con los peronistas surgidos de la base y repudio valiente a los peronistas del populismo demagógico y corrupto. No a Osinde, a López Rega, a Otero (a) “Oterito”, el ministro de Trabajo, que una vez dijo: “Si el general Perón me manda a limpiar su baño, voy y lo limpio”.
Pero cuando Rucci, el secretario general de la CGT oficialista, cae víctima de un atentado, Tosco será el primero en estar contra esa acción. Dirá: “Nuestro gremio, Luz y Fuerza, denunció permanentemente a la burocracia sindical cuyo principal exponente era José I. Rucci. Mas ello no llevará a nuestro gremio nunca a la acción de los atentados personales para desembarazar al sindicalismo argentino de tránsfugas y traidores. Sólo la lucha por la plena democracia sindical de bases se considera camino apta para la autodeterminación de los trabajadores. Por eso se condenó abiertamente el asesinato del secretario general de la CGT Nacional”. Como se ve, lo denomina taxativamente asesinato.
Pero, igual, la persecución a Tosco por parte del gobierno justicialista de Isabel va a ser despiadada. En octubre de 1974 es intervenido el sindicato de Luz y Fuerza, Tosco va a pasar a la clandestinidad, perseguido. Es cuando se va a enfermar y no se lo puede internar, porque iba a ser ejecutado cuando se supiera el lugar donde se encontraba. Es atendido por amigos médicos que también se juegan la vida. Hasta que Tosco muere, el 5 de noviembre de 1975. Tenía apenas 45 años de edad.
Pero ahora vendrá lo peor. A su entierro irán miles de cordobeses. A pesar de las amenazas de la Triple A gubernamental. Cuando comenzaron los discursos de despedida, comenzó la venganza del régimen. Desde los techos, a balazos, la policía y sus ayudantes. La violencia extrema. La gente tuvo que huir. Quedó el cementerio sembrado de zapatos, carteras de mujer, paraguas. El poder corrupto se despedía de quien sólo quería un país justo para todos.
Pero siempre el tiempo hace justicia. ¿Quién respeta hoy a ese gobierno corrupto hasta la médula de los huesos, quién se acuerda de sus represores? Serán maldecidos por todos los tiempos. En cambio, la figura de Tosco emerge cada vez más en la esperanza de que vengan otros como él. El film nos permite conocerlo más, estar otra vez con él. Ver su fuerza. Y sus triunfos, a pesar de los corruptos, de los traidores, de los deshonestos, de los uniformes. Tosco, grito de piedra. El espontaneísmo de las masas. El Cordobazo. La honestidad, la humildad. La enorme fuerza que le dio el ideal de soñar con una sociedad sin hambre y sin explotación. Sí, repitámoslo: un Hijo del Pueblo.


LOS YÁMANAS, NÓMADES DEL MAR

LOS YÁMANAS, NÓMADES DEL MAR


LOS YÁMANAS, NÓMADES DEL MAR


Cazar ballenas y lobos marinos, pescar y recoger mariscos eran las actividades más importantes de los yámanas. Estos pueblos cazadores y recolectores habitaban en el sur de la isla Grande de Tierra del Fuego y en las islas del archipiélago del Cabo de Hornos. Aunque eran muchos, vivían en pequeños grupos formados por unas pocas familias muy independientes. No tenían jefes ni caciques.
Los yámanas no se establecían en forma permanente en una isla. Eran nómadas: levantaban su campamento en una playa o cerca de un arroyo y se quedaban allí unos pocos días. Cuando los alimentos escaseaban, abandonaban las viviendas y se iban en sus canoas buscando aguas y playas donde hubiera buena caza y buena pesca.

Vivían en chozas muy sencillas

Las casas que construían los yámanas eran muy simples. Sus chozas tenían forma de cono o cúpula.
Para hacer una choza, primero construían un armazón con postes o ramas. Luego lo cubrían con hojas y ramas y finalmente, con cueros de lobos marinos.
La casa tenia una entrada pequeña que cubrían con un trozo de cuero para protegerse del frío. La parte superior de la choza se dejaba abierta. Por esa abertura salía el humo de las brasas que siempre ardían en el centro de la choza.

Hábitos

Los yámanas, para darse calor, dormían muy apretujados, uno sobre otro.
Los yámanas comían huevos duros de cormorán, pingüino, cauquén... También comían hongos y algunas raíces y tallos. Pero su alimentación era fundamentalmente de origen animal: carne asada y grasa derretida de lobos marinos, ballenas y delfines; peces, mejillones y otros moluscos.
Las mujeres preparaban pieles, confeccionaban ropa, hacían canastos, cocinaban y cuidaban a los chicos. También eran ellas las que construían las chozas.
Además de cazar en el mar, los hombres cazaban sobre tierra firme guanacos, pájaros, cormoranes, pingüinos... Para ello, fabricaban arcos, flechas, hondas y lazos.
A los niños varones les encantaba dejarse caer por las lomas.

Las canoas: un segundo hogar

Los yámanas pasaban gran parte del tiempo navegando por las aguas encrespadas de la región. Desde sus frágiles canoas, obtenían los alimentos fundamentales para su supervivencia.
Las canoas yámanas eran muy grandes (cinco metros de largo y un metro de ancho en su parte media) y livianas. Las hacían con la corteza del coíhue, un árbol de la región. Sólo utilizaban madera para la construcción del armazón.

Una tarea comunitaria: la caza de la ballena

Cuando los yámanas descubrían alguna ballena descansando en las aguas de un canal, se organizaban para atacarla. Varias familias se acercaban y desde las distintas canoas le arrojaban arpones que llovía sobre el animal. Si no lograba escapar, la ballena se desangraba y moría. Entre todos la llevaban hasta la playa más cercana. Entonces, tras tantas horas de esfuerzos, la alegría estallaba entre los cazadores porque cientos de kilos de grasa y carne les aseguraban una buena alimentación por muchos días.

Más hábitos

Las mujeres remaban incansablemente. Tenían una gran habilidad para dirigir la canoa hacia los lugares que les señalaba el cazador.
Los niños sacaban el agua que se filtraba en la canoa y cuidaban que no se apagaran las brasas del fogón. El fuego no incendiaba la canoa porque se hacía sobre una plataforma de piedras.
Los hombres yámanas iban al acecho, parados en la proa de la embarcación. Para cazar y pescar usaban arpones de distinto tamaño que terminaban en una punta de hueso que podía tener forma de dientes, serruchos o ganchos.
Hombres, mujeres y niños usaban un taparrabos de cuero pequeño. Se cubrían con una capa que fabricaban con pieles de lobo marino, nutria de mar, guanaco o zorro. A veces, se calzaban con mocasines de piel.
Las mujeres recogían mejillones y otros mariscos. Para ello usaban unos largos palos que terminaban en forma de pinza. También pescaban con línea y carnada o con canastos.



LA MUERTE DE LOS DOS AMANTES YANDUBALLO Y LIROPEYA

LA MUERTE DE LOS DOS AMANTES YANDUBALLO Y LIROPEYA


LA ARGENTINA LA MUERTE DE LOS DOS AMANTES YANDUBALLO Y LIROPEYA


Se transcribe un fragmento de épico poema “LA ARGENTINA o la conquista del Río de la Plata”, del sacerdote arcediano extremeño Martín del Barco Centenera, publicada en Lisboa, en 1602, es en verdad una crónica en verso, más que un poema épico renacentista.

Martín del Barco Centenera era miembro de la expedición de Juan Ortiz de Zárate, e imitando a Ercilla con su La Araucana, publicó un largo poema de la historia del Río de la Plata y de los reinos del Perú, Tucumán y del Estado del Brasil, bajo el título La Argentina, en el que se denomina al territorio del Río de la Plata como El Argentino.

Hay en Centenera una sorprendente valoración del indígena, acorde con la línea humanista de Las Casas y Ercilla. No podemos pasar por alto que Centenera da cuentas en su libro de la vida y carácter de los charrúas o charusúes, los guaraníes, chiriguanos, tambús, chanás, calchines, chiloazas, melpenes, mañue o minuanes, veguanes, cherandíes, meguay, curuces y tapui-miries.

El indígena, cuyos orígenes se entremezclan en su visión inclusiva con el génesis bíblico, empieza a tener presencia viva a partir del canto VIII, cuando el relato del autor se hace autobiográfico. Este canto y los siguientes que documentan la expedición de Ortiz de Zárate, muestran a los indios que pueblan las costas del Brasil auxiliando y transportando a los españoles en sus canoas, sin poder impedir que algunos mueran.

Se instala de hecho un contraste abrupto entre la amigabilidad y solidaridad aborigen y la rígida actitud de los jefes españoles.

En el Canto duodécimo sucede la muerte de los dos firmes amantes Yanduballo y Liropeya

LA ARGENTINA LA MUERTE DE LOS DOS AMANTES YANDUBALLO Y LIROPEYA


Con gran solicitud en su caballo
entre aquestos mancebos se señala
en andar por las islas Caraballo,
y así por la espesura hiende y tala
en medio de una selva, y Yanduballo
halló con Liropeya, su zagala.
La bella Liropeya reposaba
y el bravo Yanduballo la guardaba.
El mozo, que no vio a la doncella,
en el indio enristró su fuerte lanza,
el cual se levantó como centella,
un salto da y el golpe no le alcanza.

Afierra con el mozo, y aun perdella
la lanza piensa el mozo, que abalanza
el indio sobre él, por do al ruido
la moza despertó, y pone partido.
Al punto que a la lanza mano echaba
el indio, Liropeya ha recordado,
mirando a Yanduballo así hablaba:
«Deja, por Dios amigo, ese soldado,
un solo vencimiento te quedaba,
mas ha de ser de un indio señalado,
que muy diferente es aquesta empresa,
para cumplir conmigo la promesa».
Diciendo Liropeya estas razones,
el bravo Yanduballo muy modesto
soltó la lanza, y hace las acciones,
y a Caraballo ruega baje presto.
El mozo conoció las ocasiones,
y muévelo también el bello gesto
de Liropeya, y baja del caballo
y siéntase a la par de Yanduballo.
El indio le contó que un año había
que andaba a Liropeya tan rendido
que libertad ni seso no tenía,
y que le ha la doncella prometido
que si cinco caciques le vencía,
que al punto será luego su marido.
El tener de español una centella
no quiere, por quedar con la doncella.
Mas viendo el firme amor de estos amantes,
licencia les pidió para irse luego,
dejándoles muy firmes y constantes
en las brasas de amor y vivo fuego.
Dos tiros de herrón no fue distantes,
con furia revolvió, de amores ciego;
pensando de llevar por dama esclava,
al indio con la lanza cruda clava.
Yanduballo cayera en tierra frío,
la triste Liropeya desmayada;
el mozo con crecido desvarío
a la moza habló, que está turbada:
«Volved en vos», le dice, «ya amor mío,
que esta ventura estaba a mí guardada,
que ser tan lindo, bello y soberano,
no había de gozarlo aquel pagano».
La moza, con ardid y fingimiento,
al cristiano rogó no se apartase
de allí, si la quería dar contento,
sin que primero al muerto sepultase;
y que concluso ya el enterramiento
con él en el caballo la llevase.
Procurando el mancebo placer darle,
al muerto determina de enterrarle.
El hoyo no tenía medio hecho,
cuando la Liropeya con la espada
del mozo se ha herido por el pecho,
de suerte que la media atravesada
quedó diciendo: «Haz también el lecho
en que esté juntamente sepultada
con Yanduballo aquesta sin ventura
en una misma huesa y sepultura».
Lo que el triste mancebo sentiría
contemple cada cual de amor herido.
Estaba muy suspenso qué haría,
y cien veces matarse allí ha querido.
En esto oyó sonar gran gritería;
dejando al uno y otro allí tendido,
a la grita acudió con grande priesa,
y sale de la selva verde espesa.
Aquesta Liropeya en hermosura
en toda aquesta tierra era extremada;
al vivo retratada su figura
de pluma vide yo muy apropiada;
y vide lamentar su desventura,
conclusa Caraballo su jornada,
diciendo que aunque muerta estaba bella,
y tal como un lucero y clara estrella.
Mil veces se maldijo el desdichado
por ver que fue la causa de la muerte
de Liropeya, andando tan penado
que mal siempre decía de su suerte.
«¡Ay triste!, por saber que fui culpado
de un caso tan extraño, triste y fuerte,
tendré, hasta morir, pavor y espanto,
y siempre viviré en amargo llanto».
Salió pues de la selva Caraballo
a la grita y estruendo que sonaba,
y vido que la gente de a caballo
a gran priesa en las balsas se embarcaba.
No curan ya más tiempo de esperallo,
que de su vida ya no se esperaba,
teniendo por muy cierto que había sido
cautivo de los indios y comido.
Mas viéndole venir, alegremente
el Capitán y gente le esperaron;
allega, y embarcose con la gente,
y apriesa de aquel sitio se levaron.
Entrose por un río que de frente
está, y a tierra firme atravesaron,
a do está de Gaboto la gran torre,

por do el Carcarañá se extiende y corre.

jueves, 28 de enero de 2016

REPARTO DE TIERRAS POR SUERTE CUANDO SE FUNDÓ BUENOS AIRES

REPARTO DE TIERRAS POR SUERTE CUANDO SE FUNDÓ BUENOS AIRES

reparto de tierras de juan de garay por suertes

La fundación de Buenos Aires fue financiada por gentes  de Asunción, convocados al efecto por la publicación de edictos y repartidas luego por sorteo. Por ello las fracciones eran llamadas “suertes”.
Así repartió Juan de Garay las tierras de la nueva ciudad.

Suertes

Varas de tierra
1.
A Luis Gaytán, tomando, por lo más derecho, y ha de empezar desde una punta que está arriba de la ciudad, hacia el camino por donde vienen de la ciudad de Santa Fe, y han de llegar la frente de esta tierra y todas hasta la ribera del Paraná, y costa la tierra adentro ella, y de todas las demás, una legua, o hasta donde el égido, que tengo señalado para la ciudad, diere lugar porque sí antes lo descabezare alguna suerte del égido, ha correr la dicha legua por la tierra adentro, aunque sea en perjuicio de las suertes
500
2.
Otrosí, señalo a Pedro Álvarez Gaytán en la forma dicha
350  
3.
Otrosí, a Domingo de Irala
350
4.
Otrosí, para mí, desde su linde
500
5.
Luego, para el Alcalde Rodrigo Ortiz de Zárate
500
6.
Luego, Miguel López Madera
350
7.
Luego, Miguel Gómez
350
8.
Luego, Gerónimo Pérez
350
9.
Luego, Juan de Basualdo
350
10.
Luego, Diego de la Barrieta
400
11.
Luego, Víctor Casco
400
12.
Luego, Pedro Luis
400
13.
Luego, Pedro Fernández
400
14.
Luego, Pedro Franco
400
15.
Luego, Alonzo Gómez
350
16.
Luego, Estevan Alegre
350
17.
Luego, Pedro de Izarra
400
18.
Luego, Juan Fernández de Zárate
350
19.
Luego, Baltazar de Carbajal
350
20.
Luego, Antonio Bermúdez
400
21.
Luego, Jusepe de Salas
300
22.
Luego, Francisco Bernal
350
23.
Luego, Miguel del Corro
350
24.
Luego, Bernabé Veneciano
350
25.
Luego, Cristóval Altamirano
350
26.
Luego, Pedro de Xerez
350
27.
Luego, Sebastián Bello
350
28.
Luego, Juan Domínguez
400
29.
Luego, Pedro Izbran
350
30.
Luego, Pedro Rodríguez
350
31.
Luego, Pedro de Quiros
400
32.
Luego, Alonso Escobar
400
33.
Luego, Antón Higueras
400
34.
Luego, el Alcalde don Gonzalo Martel de Guzmán
400
35.
Luego, Juan Ruiz
400
36.
Luego, Juan Fernández de Enciso
400
37.
Luego, Hernando de Mendoza, Alguacil mayor
400
38.
Luego, Pedro Morán
400
39.
Luego, Rodrigo de Ibarrola
400
40.
Luego, Andrés de Vallejo
400
41.
Luego, Pedro de Sayas Espeluca
400
42.
Luego, Lázaro Griveo
400
43.
Luego, Juan de Carbajal
400
44.
Luego, Pantaleón
350
45.
Luego, Pedro de Medina
350
46.
Luego, Juan Martín
350
47.
Luego, Estevan Ruiz
350
48.
Luego, Andrés Méndez
350
49.
Luego, Miguel Navarro
350
50.
Luego, Sebastián Fernández
350
51.
Luego, Juan de España
300
52.
Luego, Ambrosio de Acosta
300
53.
Luego, Rodrigo Gómez
350
54.
Luego, Pablo Simbrón
300
55.
Luego, Antón Roberto
400   -6-  
56.
Luego, Gerónimo Martínez
400
57.
Luego, Pedro de la Torre
400
58.
Luego, Domingo de Areamendia
400
59.
Luego, Ana Díaz
300
60.
Luego, Antón de Porras
400
61.
Luego, Ochoa Márquez
400
62.
Luego, Juan Rodríguez
400
63.
Luego, Alonzo Pareja
400
64.
Luego, Pedro Hernández
400
65.
Luego, Juan de Garay
400


24500 varas.

ACTA DE FUNDACION DE BUENOS AIRES DE JUAN DE GARAY

ACTA DE FUNDACION DE BUENOS AIRES DE JUAN DE GARAY


ACTA DE FUNDACION DE BUENOS AIRES DE JUAN DE GARAY

El documento más antiguo que se registra en los libros del Cabildo, es del año de 1594, y corresponde al tiempo de la administración de Zárate, que mandó transcribir la acta de la segunda fundación, por estar tan deteriorado el original que ya no era posible descifrarlo.


"Juan de Garay, Teniente Gobernador y Capitán General en todas estas provincias del río de la Plata, por el muy Ilustre Señor Adelantado Juan de Torres de Vera, Adelantado, Gobernador y Capitán General, Justicia mayor y Alguacil mayor de todas estas Provincias conforme a las capitulaciones que el muy Ilustre Señor Adelantado Juan Ortiz de Zárate, (que haya gloria) hizo con la Majestad Real del Rey don Felipe (fue el II de este nombre), Nuestro Señor, y al mí, por virtud de sus poderes reales, y el dicho Adelantado Juan de Torres de Vera me tiene dados para que, en nombre suyo y de Su Majestad, yo gobierne estas Provincias y haga en ellas las poblaciones que me pareciere ser convenientes para ensalzamiento de Nuestra Santa Fe Católica y para aumento de la Real Corona de Castilla y de León; y así como tal Teniente y Capitán General y Justicia Mayor, he sido recibido en todas las ciudades que están pobladas en esta dicha gobernación, así por mi persona como por mis poderes he sido recibido en ellas, y puestas las justicias de mi mano, y recibido y usado los dichos poderes; debajo de los cuales en todo este tiempo, después que fui recibido, he hecho todo lo que me fía, parecido ser cosa conveniente y necesaria para el bien de esta gobernación, así en pacificar los naturales alterados, como en otras cosas que se han ofrecido; y así, por virtud de los dichos poderes, y en nombre de Su Majestad, yo levanté estandarte real en la ciudad de la Asumpción, y publiqué y mandé publicar la población de este Puerto de Santa María de Buenos Aires, tan necesaria y conveniente para el bien de toda esta gobernación y de Tucumán, y para que se entienda y se predique Nuestra Santa Fe Católica entre todos tos indios naturales que hay en estas provincias; y así, con celo de servir a Dios Nuestro Señor, se asentaron en la ciudad de la Asumpción sesenta soldados, y se metieron debajo del estandarte real, y vinieron y están contigo sustentando esta dicha población; habiendo hecho muchos gastos de sus haciendas, y pasado muchos trabajos en cosas que se han ofrecido. Y así, usando de los poderes reales que Su Majestad el Rey D. Felipe, Nuestro Señor, dio al muy Ilustre Señor Adelantado Juan Ortiz de Zárate, (que haya gloria) para él y para su sucesor y sus capitanes, yo en nombre de Su Majestad he empezado a repartir, y les reparto a los dichos pobladores y conquistadores, tierras y caballería y solares y cuadras, en que puedan tener sus labores y crianzas de todos ganados; las cuales dichas tierras y estancias y huertas y cuadras, las doy y hago merced en nombre de Su Majestad y del dicho Gobernador, para que como cosa propia suya puedan en ella edificar, así casas como corales, y poner cualesquier ganados, y hacer cualesquier labranzas, que quisieren y por bien tuvieren, y poner cualesquiera plantas y árboles que quisieren y por bien tuvieren, sin que nadie se lo pueda perturbar, como si lo hubiese heredado de su propio patrimonio; y como tal puedan dar y vender y enajenar y hacer lo que por bien tuvieren; con tal que sean obligados a sustentar la dicha vecindad y población cinco años, como Su Majestad lo manda por su real cédula, sin faltar de ella, si no fuere con licencia del Gobernador o Capitán que estuviere en la dicha población, enviándoles a cosas que convengan y que sean obligados a acudir, conforme rezare la tal licencia. Donde no, lo sustentaren en esta, o pueda el Capitán o Gobernador repartirlo o encomendarlo de nuevo en las personas que sustentaren la dicha población y sirvieren en ella a Su Majestad. Y porque conviene, por el riesgo que al presente hay de los naturales alterados, que para hacer sus labores más seguras y con menos riesgo de sus personas y de sus sementeras, que cada vecino y poblador de esta ciudad de la Trinidad y Puerto de Buenos Aires, tengan un pedazo de tierra, donde con facilidad lo puedan labrar y visitar cada día; así, en nombre de Su Majestad y de la manera y forma que dicho tengo, les señalo y hago merced, en nombre de Su Majestad, y en la forma que dicho tengo, sus pedazos de tierras por la vera del gran Paraná arriba, en la forma siguiente: 

miércoles, 27 de enero de 2016

MAYO DE 1969: ENTRE EL MAYO FRANCES Y EL CORDOBAZO

MAYO DE 1969: ENTRE EL MAYO FRANCES Y EL CORDOBAZO

MAYO DE 1969: ENTRE EL MAYO FRANCES Y EL CORDOBAZO


Interesante interpretación escrita por Ricardo E. Brizuela

El “mayo francés” comenzó en París precisamente el 3 de mayo de 1968, con estudiantes enfrentándose con las fuerzas del orden.

En nuestro país, el 15 de mayo del año siguiente, como un calco, un hecho similar tomó el nombre de “el cordobazo”. El primero sacudió al general Charles De Gaulle. El segundo hizo tambalear al gobierno “de facto” del general Juan Carlos Onganía.

Sin embargo, como entre paréntesis, en el medio de ambos hechos se registraron en el mundo distintos niveles de violencia de signos contrapuestos. Si bien es cierto que la izquierda fomentó simultáneamente movimientos en México, Gran Bretaña, Alemania, Italia y Bélgica, también hay que destacar que la “Primavera de Praga” que se había iniciado en enero de 1968 en Checoeslovaquia – con una atmósfera de democracia - de la mano de Alexander Dubcék, cayó estrepitosamente bajo las armas de las fuerzas del Pacto de Varsovia (la OTAN del entonces mundo comunista), el 20 de agosto del mismo año.

En Francia, diez millones de obreros iniciaron una de las huelgas más importantes de su historia y algunos grupos se apoderan de las fábricas. De inmediato recogieron la simpatía de la mayoría, con una franca adhesión de la intelectualidad y fundamentalmente de los jóvenes. Muy pronto, el país se manifestó, como si quisiera sacarse de encima un corcet de autoritarismo. El mundo entero fue conmovido por la magnitud que tomó el movimiento de protesta.

El 24 de mayo el general De Gaulle pide el apoyo del pueblo a través de un referendum y. el 30 de mayo disuelve la Asamblea y convoca a nuevas elecciones ganando una batalla a lo Pirro.

No consiguió revertir la situación y debió alejarse del gobierno en abril de 1969.

En La Argentina, el 15 de mayo de 1969, estudiantes correntinos protestan por la privatización de los comedores estudiantiles y muere baleado el estudiante de medicina Juan José Cabral. Inician huelgas los metalúrgicos cordobeses y todo el país se solidariza con los estudiantes correntinos.

El 17 de mayo, en una manifestación de adhesión en Rosario, es baleado el estudiante de Ciencias Económicas Alberto Ramón Bello, quien muere al día siguiente. El día 20 en la Capital los desórdenes dejan un saldo de 20 heridos y 120 detenidos. En Rosario continúa la protesta y es muerto el obrero metalúrgico Norberto Blanco. El gobierno de Onganía ocupa militarmente la ciudad y establece el estado de emergencia y la población responde con paro general.

Sin embargo lo peor todavía estaba por ocurrir.
El dirigente Raimundo Ongaro es detenido en Córdoba y trasladado a la Capital Federal el 24 y se suspenden las celebraciones del 25 de mayo en todo el país. En Tucumán el 27 los estudiantes controlan por unas horas el centro de la ciudad. El día 29 en Córdoba se inician enfrentamiento de inusitada violencia entre policías y manifestantes. La población toma un sector de la ciudad que tiene por epicentro el Barrio Clínicas y entonces interviene el ejército y la aeronáutica.

Veinticuatro horas después estas fuerzas controlan la situación: queda un saldo de 14 muertos y más de 100 heridos.

Las dos centrales obreras, Paseo Colón y Azopardo, decretan una huelga que se cumple en todo el país. Un consejo de guerra pena con cuatro y ocho años de prisión a los dirigentes Elpidio Torres y Agustín Tosco. El 4 de junio el general Onganía sostiene que los disturbios responden a fuerzas organizadas y anuncia la renuncia de su gabinete, gobernadores y altos funcionarios.

El mismo día, desde Madrid, el general Juan domingo Perón dice que el gobierno de Onganía es un “anacronismo” agregando que “hay que prepararse para derribar tal estado de cosas aunque para ello deba emplearse la más dura violencia”. El gobierno establece penas de hasta 8 años – por imperio de las leyes contra el comunismo – y renueva el gabinete en su totalidad.

Ante el anuncio de nuevos movimientos de fuerza en Córdoba, se interviene la provincia con un gobernador militar (el general Jorge Raúl Carcagno). Como colofón el 20 de junio en Rosario durante la celebración del Día de la Bandera la CGT local declaró persona no grata al presidente Onganía y los estudiantes le manifiestaron su repudio.

La calma se recuperó en forma paulatina. Sin embargo, el gobierno de Onganía fue perdiendo prestigio en forma acelerada.

En 1973 llega la democracia y “el cordobazo” ya es un recuerdo. En esa oportunidad, el presidente de Cuba, Osvaldo Dorticós que llegó al país para la asunción de Hector Cámpora, se trasladó a Córdoba el 29 de mayo para asistir a un acto conmemorativo de la revuelta de 1969. Allí dijo: “Nos unen compañeros ideales comunes, las ansias comunes, el vigor revolucionario de ambos pueblos”.

Como en una obra de teatro, el telón cae muy lentamente. Sin embargo, faltaba todavía el gran acto, aquel en el que todos los actores saldrían a escena.