martes, 18 de agosto de 2015

LAS HETAIRAS

LAS HETAIRAS

Que la mujer se ocupe y ejerza hoy destacadas posiciones políticas es cosa normal y corriente. Sin embargo, no siempre ha sido así. Al contrario, durante muchos siglos de la historia las personas del sexo femenino estuvieron replegadas no sólo a un segundo plano, sino más acertadamente excluidas de todo aquello que tuviera que ver con el Estado y sus decisiones. Esta materia le estuvo por muchísimo tiempo reservada a los hombres.
Pero, ¿cuándo la opinión política de la mujer comenzó a ser tomada en consideración? ¿En qué momento social los hombres que tenían en sus manos los resortes del Gobierno empezaron a escuchar lo que las mujeres opinaban? ¿A qué mecanismo o armas apelaron las mujeres para ser oídas?
Pensamos que la participación política de la mujer, y más específicamente en la vida democrática de los pueblos, pudiera encontrarse en las que los griegos, creadores de la democracia como forma de gobierno, denominaron “las hetairas”.

La mujer en Grecia
La mujer ateniense vivía en una reclusión casi oriental, considerada con indiferencia y hasta con menosprecio. La prueba la tenemos, en parte, en el testimonio directo de la literatura; en parte, en la condición legal inferior de la mujer. La literatura nos muestra una sociedad totalmente masculina: la vida doméstica no desempeña ningún papel. La comedia antigua presenta casi únicamente hombres.
En cuanto a lo legal, las mujeres carecían de derechos; es decir, que no podían llegar a la Asamblea y mucho menos desempeñar cargos. No podían tener propiedades ni manejar asuntos legales; toda mujer, desde su nacimiento hasta su muerte, debía estar bajo la potestad del padre o la tutela de su pariente masculino más próximo, o de su marido, y sólo por medio de ellos tenía protección legal.
La disposición legal más extraña para nuestras ideas actuales, atañe a la hija que era única heredera de un padre muerto sin haber dejado testamento: el pariente varón más cercano estaba autorizado a pedirla en matrimonio y, si ya estaba casado, podía divorciarse de su mujer para casarse con la heredera (debemos aclarar que la ley ática reconocía el matrimonio entre tíos y sobrinas, e incluso entre hermanastro y hermanastra. O si no, el pariente varón más cercano se convertía en guardián de la heredera, y debía casarla con una dote conveniente.
En los diálogos de Platón los interlocutores son siempre hombres; el Banquete, tanto el de Platón como el de Jenofonte, muestra claramente que cuando un caballero tenía invitados, las únicas mujeres presentes eran aquellas cuya reputación no tenía nada que perder, es decir, las profesionales; así, en el proceso contra Neera, el hecho comprobado de que una de las mujeres comía y bebía con los invitados de su marido se emplea como prueba de que ella era una prostituta.
La casa ateniense estaba dividida en “cuartos de los hombres” y “cuartos de las mujeres” o Gineceo provistos de cerrojos y barrotes. Las mujeres no salían si no era bajo vigilancia, a no ser que asistiesen a uno de los festivales a ellas destinados.
Era difícil para una mujer casada “escapar de su hogar”. Era el hombre el que iba a comprar las cosas, que entregaba al esclavo para que las llevara a casa. La mujer era la administradora doméstica y no mucho más.
La literatura nos deja ver que los hombres intencionalmente preferían que sus esposas fueran ignorantes, a fin de poder así enseñarles lo que ellos deseaban que supiesen. La educación de la muchacha no existía. El ateniense, para tener una compañía femenina inteligente, acudía a la educada clase de mujeres extranjeras, a menudo jónicas, que eran conocidas como “compañeras”, hetairas, que ocupaban una posición intermedia entre la dama ateniense y la prostituta.

Las hetairas
Aparte de las legendarias -Helena, Penélope, etc.-, las únicas mujeres que ganaron un puesto en la verdadera y propia historia griega son las hetairas, que fueron algo entre las geishas japonesas y las cocottes parisienses.
Dejemos a la más célebre, Aspasia, quien, como amante de Pericles, tornóse, sin más, en la “primera dama” de Atenas, y con su salón intelectual dictó leyes en ella. Pero también el nombre de otras muchas nos han sido transmitido por poetas, cronistas y filósofos, que con ellas tuvieron gran intimidad y que, lejos de avergonzarse, se envanecían de ello. Friné inspiró a Praxíteles, ya que la amaba desesperadamente. Ha quedado famosa, además de por su belleza, también por la habilidad con que la administraba. No se mostraba más que cubierta con velos. Y tan sólo dos veces al año, durante las fiestas de Eleusis y las de Poseidón, iba a bañarse en el mar completamente desnuda, y toda Atenas se citaba en la playa para verla. Era un hallazgo publicitario formidable que le permitió mantener muy elevada su tarifa. Tan elevada, que un cliente, después de haber pagado, la denunció. Debió de ser un proceso sensacional, seguido ansiosamente por toda la población. Friné fue defendida por Hipérides, un famoso defensor de la época, que frecuentaba su trato, y que no recurrió mucho a la elocuencia. Se limitó a arrancarle de encima la túnica para mostrar a los jurados el seno que estaba debajo. Los jurados miraron (miraron largo rato, suponemos), y la absolvieron.
El crepúsculo de la buena administración era vivo también en Metiké, la famosa Clepsidra, que fue llamada así porque se concedía por horas contadas en su reloj de agua y, terminando el tiempo no admitía prolongaciones. Igual de administradora era Gantena, que invirtió todos sus ahorros en su hija y, tras haberla convertido en la más renombrada maestra de la época, la alquilaba en medio millón por noche.
Más con todo esto no se crea que las hetairas fuesen tan sólo animales de placer, interesadas exclusivamente en amontonar dinero. O, por lo menos, el placer no lo procuraban solamente con sus formas aventajadas. Eran las únicas mujeres cultas de Atenas. Las hetairas, bellas, inteligentes y cultivadas eran muy consideradas entre los griegos. Sabían leer y escribir, y dependían no sólo de sus cualidades físicas como de su inteligencia, su talento y su modo de comportarse. Las hetairas sometían a los hombres por todo aquello que los maridos prohibían a sus esposas. Cultivaban la compañía masculina y alegraban los banquetes en los que las legales compañeras de los maridos estaban excluidas. Por esto, aun cuando se les negaban los derechos civiles y se las excluía de los templos, excepto el de su patrona Afrodita, los más importantes personajes de la política y de la cultura las frecuentaban abiertamente y con frecuencia las transportaban rodeadas de palmas.

Hetairas, ricos y famosos
Platón, cuando estaba cansado de filosofía, iba a reposar en casa de Arqueanasa; y Epicuro reconocía deber buena parte de sus teorías sobre el placer a Danae y a Leoncia, que le habían proporcionado las más elocuentes aplicaciones del mismo. Sófocles mantuvo prolongadas relaciones con Teórida, y, una vez cumplidos los ochenta años, inició otras con Arquipas.
Cuando el gran Mirón, encorvado por la vejez, vio llegar a su estudio, como modelo, a Laida, perdió la cabeza y le ofreció todo lo que poseía con tal de que se quedase aquella noche. Y dado que ella rehusó, al día siguiente el pobre hombre se cortó la barba, se tiñó el pelo, púsose un juvenil quitón color de púrpura y se pasó una capa de carmín sobre el rostro. “Amigo mío -le dijo Laida-, no pienses obtener hoy lo que ayer rehusé a tu padre”. Era una mujer altamente extraordinaria, y no solamente por su belleza, que muchas ciudades se disputaban el honor de haber sido su cuna (mas, al parecer, era de Corinto). Rechazó las ofertas del feo y riquísimo Demóstenes al pedirle cinco millones, pero se entregaba gratis al desdinerado Arístipo sencillamente porque le gustaba su filosofía. Murió pobre, después de haber gastado todo su peculio en el embellecimiento de las iglesias donde no podía entrar y para ayudar a los amigos caídos en la miseria. Atenas la recompensó con unos espectaculares funerales como jamás los tuvo el más grande hombre de Estado o el general más afortunado. Por lo demás, también Friné había tenido la misma pasión de la beneficencia, y entre otras cosas había ofrecido a Tebas, su ciudad natal, reconstruir las murallas si le permitían inscribir su nombre. Tebas contestó que estaba de por medio la dignidad. Y con la dignidad se quedó, pero sin murallas.
Las hetairas no deben confundirse con las pornaes, que eran las meretrices comunes. Estas vivían en burdeles esparcidos un poco por toda la ciudad, pero concentradas sobre todo en El Pireo, el barrio portuario, porque los marineros han sido en todos los tiempos los mejores clientes de esos lugares de mala nota. Eran casi todas orientales, jóvenes y de carnes perezosas y soñolientas, que sufrían su degradación sin rebelarse, dejándose explotar por sus empresarias, viejas mujerucas que administraban aquellas casas. Sólo las que lograban aprender un poco de modales y a tocar la flauta mejoraban su situación convirtiéndose en aléutridas. Parece ser que la misma Aspasia venía de esta carrera, pero su caso ha quedado como único.



lunes, 17 de agosto de 2015

BANDERAS UTILIZADAS EN EL RIO DE LA PLATA ANTERIORES A LA INDEPENDENCIA

BANDERAS UTILIZADAS EN EL RIO DE LA PLATA ANTERIORES A LA INDEPENDENCIA


El Rio de la Plata fue un gobierno dependiente de Perú, administrado por "adelantados" y gobernadores hasta que en 1620 se reunieron en un solo gobierno (Gobierno de Rio de la Plata) subdividido en tres provincias: Tucuman, Buenos Aires y Paraguay. La Audiencia de Charcas (Bolivia) pasó también a dependender del Virrey del Rio de la Plata.
Felipe V llego al trono castellano-aragones por las armas, con ayuda de Francia, siendo reconocido en Castilla y ocupando los territorios del Reino de Aragon, conquista que dió por finalizada en 1714.
En Febrero de 1707 una ordenanza real dispuso que las tropas borbonicas franco-españolas, usarian bandera blanca con cruz de Borgoña roja aspada, con dos castillos y dos leones, simbolos de las regiones que (junto a Francia) le apoyaban en su usurpación del trono.


En 1728 otra ordenanza real permitió establecer a los extremos de la cruz las insignias de la provincia de cada tropa. En esta eopoca Rio de la Plata era una simple gobernación donde estaban estacionados los Husares, cuya bandera era roja. Las banderas coronelas seguían el modelo español.

       
La bandera naval de la época (en uso 1701-1746) era blanca con el escudo.

La bandera de la Armada, seguramente entre 1746 y 1748 era también blanca

En 1748 (y hasta 1785) se modifico el modelo
.

En 1776 la provincia del Rio de la Plata se separó del Virreinato de Peru en 1776 y se constituyó en Virreinato separado por decreto de Carlos III. Nada destacable entre los virreyes excepto la administración del virrey Antoni Olaguer i Feliu (1795-1797) cabeza de una saga de distinguidos militares. En 1785 la bandera española fue modificada para que no fuera confundida con las banderas blancas borbonicas de Parma, Napoles o Toscana, y consecuentemente la nueva bandera fue  trasladada al Rio de la Plata, primero como pabellón (1785)  y más tarde para las fortalezas terrestres como castillos y astilleros y otros dependientes de la marina (1793). Pero para las instalaciones terrestres dependientes del gobierno o del Ejercito siguió ondeando bandera blanca con escudo.

La medida de incluir el escudo territorial en las banderas, iniciado en la Peninsula, se traslado a Ultramar. Un ejemplo de eeste tipo de bandera es la de los Voluntarios de Montevideo, creada de acuerdo al Reglamento de 14 de Enero de 1801 (el modelo de la imagen estuvo en uso hasta 1806, después se añadieron inscripciones alusivas a la victoria contra los ingleses).

  
Como ejemplo de bandera coronela, la de Montevideo, creada en 1802 y que estuvo en uso hasta 1808. 


        
CONQUISTA BRITANICA (1806)
La alizana española con Francia propició la conquista británica de Buenos Aires el 27 de Juniode 1806. El virrey huyo a Cordoba donde mantuvo el pabellon español, mientras en Buenos Aires ondeaba la enseña británica. El francés Liniers, desde Montevideo, organizó una expedición que recupero Buenos Aires el 12 de Agosto de 1806 asumiento el propio Liniers el mando. Los britanicos se establecieron entonces en la banda oriental (Octubre de 1806) y en 1807 atacaron de nuevo Bunos Aires, pero defendida energicamente por Liniers fueron rechazados.

RESTABLECIMIENTO PLENO DE LA SOBERANIA ESPAÑOLA (1806-1810)
Para premiar el valor de los bonaerenses en la defensa del país contra los británicos, el rey de españa concedió al regimiento de Patricios una bandera propia que incluía el escudo de la ciudad en sus esquinas
     
Estas luchas permitieron a la elite criolla adquirir conciencia de su fuerza y Mariano Moreno inspiró el primer partido nacional criollo en 1808, a cuyo exito contribuyó notablemente la pesima administración del nuevo virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros (1809) que fue depuesto por los criollos y embarcado hacia España el 25 de Mayo de 1810. Liniers que intentó oponerse a la revuelta fue derrotado repetidamente y fusilado en Códoba (lugar de Cabeza del Tigre, 1810) y se constituyó la primera Junta del Rio de la Plata.
PERIODO 1810-1816.
Tras la rebelión nacional de 1810, las milicias del rio de la Plata usaban la escarapela distintiva realista, es decir roja. Esta situación se mantendra hasta 1812 cuando se estableció una nueva escarapela el 18 de febrero de 1812 según petición del secretario Rivadavia y acuerdo del Triunvirato de dicha fecha : "En acuerdo de hoy se ha resuelto que desde esta fecha  en adelante se haga, reconozca y use la escarapela nacional de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, declarandose por tal la de dos colores blanco y azul celeste, y quedando abolida la roja con que antiguamente se distinguían".
En 1811 la provincia de Paraguay expulso al gobernador español. En cambio las fuerzas platenses son derrotadas repetidamente por fuerzas del virrey de Peru en la Audiencia de Charcas o Alto Peru. El 21 de Septiembre de 1812 los patriotas vencieron a los españoles en Tucuman y con la victoria de Salta el 21 de Febrero de 1813 eliminaban el poder español en las provincias de Tucuman y de Buenos Aires. 
El la batalla de Tucuman Belgrano capturó un estandarte correspondiente a un batallon del regimiento de Infanteria real, que figura en el Museo Historico de Buenos Aires.

En la batalla de Salta, a las fuerzas españolas les fue capturada una bandera, la de regimiento de milicias de Abancay, hoy en el Museo Historico de la Nación en Argentina
  
Las banderas argentinas serán objeto de estudio separado; mencionemos aquí la bandera del Tercer regimiento español de America, en uso desde Abril de 1813 hasta la conquista de Montevideo el 26 de Junio de 1814.

En 1813 se reunió una Asamblea Constituyente, cuyas discrepancias no permitieron mantener la soberanía sobre la Banda oriental (que seguirá un camino distinto), ni sobre las provincias de  Paraguay (independizada) y de Alto Peru (Bolivia) que quedaba bajo el control del virrey de Perú. La Asamblea de Tucuman proclamo la independencia el 9 de Julio de 1816. Las bases de la nación fueron adoptadas el 3 de Diciembre de 1817 convirtiéndose en Constitución el 30 de Abril de 1818.

Fuente: http://www.angelfire.com/realm/jolle/argentina/arg_preindep2.htm

ANTONIO ÁLVAREZ JONTE colaborador de San Martin, se negó a juzgar a Belgrano

ANTONIO ÁLVAREZ JONTE colaborador de San Martin, se negó a juzgar a Belgrano

Nació en Madrid en 1784 y vino con sus padres a Córdoba, estudió derecho en la Universidad de esa ciudad y se doctoró en la de Santiago de Chile.

Se instaló en Buenos Aires como abogado, y allí estaba cuando se produjeron las invasiones inglesas. Se ofreció como voluntario para rechazarlas, pero no fue aceptado por su salud endeble.

Participó en la preparación de la Revolución de Mayo; producida ésta, la Primera Junta lo envió a Chile para provocar otra en la misma dirección; allí fue nombrado "Comisionado de la Primera Junta" (18/9/1810). Llegó a Chile en el mes de octubre, cuando ésta ya se había producido, y fue el primer embajador rioplatense en ese país.

De regreso en Buenos Aires, integró con Sarratea el Tribunal de Concordia.

Hacia fines de 1810 estaba en Buenos Aires y se unió al grupo de Mariano Moreno. La Junta lo nombró Regidor del Cabildo, puesto desde el cual presionó para disolver la Junta cuando llegó la noticia del desastre de Huaqui.

Apoyó la formación del Primer Triunvirato, y por iniciativa de éste fue nombrado nuevamente regidor del cabildo para el año 1812. Pasó a la oposición cuando el gobierno dirigido por Rivadavia disolvió la primera asamblea nacional en 1812.

Se unió a la Logia Lautaro, fundada por Alvear y San Martín, y apoyó la revolución de octubre de 1812 (provocada por San Martín al llegar la noticia de la victoria de Tucumán). Por ésta se disolvía el primer triunvirato y se lo reemplazaba por otro, formado por Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña, y Álvarez Jonte. Poco después, Paso fue reemplazado por José Julián Pérez, y unos meses más tarde, Rodríguez Peña fue reemplazado por Gervasio Posadas, tío de Alvear.
En la práctica, el gobierno estuvo controlado por la Logia Lautaro y por Alvear.

El Triunvirato convocó a una Asamblea General Constituyente, dominada por Buenos Aires y en la cual muchos de los diputados del interior habían sido nombrados por la Logia, en Buenos Aires. Ésta no cumplió con sus objetivos, ya que no declaró la Independencia ni sancionó ninguna constitución.

A fines de 1813, Juan Larrea (un rico e influyente amigo de Alvear y del comercio inglés) reemplazó a Álvarez Jonte, que fue nombrado al frente de la comisión investigadora de las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma.

Poco después, el Triunvirato se convertía en Directorio, nombrando Director Supremo a Posadas.

Álvarez Jonte se trasladó a Tucumán para iniciar el juicio, pero se negó a juzgar a Belgrano. A principio de 1814 reorganizó el gobierno de la provincia de Tucumán.
Fue auditor de guerra del Ejército del Norte en el corto período en que su comandante fue San Martín.
Regresó a Buenos Aires, donde fue auditor general de guerra, y mantuvo su cargo durante el breve directorio de Alvear.

Al estallar el motín de Fontezuelas, que produjo la caída de Alvear, fue desterrado a Londres.

 Allí se unió a la casa central de la Logia Lautaro y se dedicó a formar una escuadra para Chile, recién reconquistada por San Martín, apoyando los planes de éste de atacar el virreinato del Perú por el mar.
Llegó a Chile con el almirante Alexander Cochrane en noviembre de 1818, en la armada destinada a trasladar al Ejército de los Andes al Perú.
Aunque estaba muy enfermo, fue nombrado Auditor de Guerra del ejército y secretario de San Martín.

 Acompañó a Cochrane en la primera campaña naval a El Callao, y no pudo impedir que el almirante se apoderara de las presas que había capturado el capitán Hipólito Bouchard en su vuelta al mundo como corsario.

En agosto de 1820 se embarcó con San Martín hacia el Perú. Pero a poco de llegar, murió a causa de fiebres (probablemente tuberculosis ) en octubre de 1820 en el puerto de Pisco. Acababa de empezar la campaña libertadora del Perú.



domingo, 16 de agosto de 2015

HISTORIA DE AMORES DE HIPOLITO YRIGOYEN

HISTORIA DE AMORES DE 

HIPOLITO YRIGOYEN




En agosto de 1872 Yrigoyen, con sólo veinte años, fue nombrado comisario de policía en la parroquia de Balvanera. Tan joven y ya andaba de chaqué y galerita. Ya se vislumbraba, también, su especial debilidad por las mujeres, a las que siempre trató con especial consideración. Es aquí cuando inicia su costumbre del amor clandestino.

Su primera historia de amor conocida es la que vive con Antonia Pavón, una muchacha de condición humilde que le dará una hija: Elena. Yrigoyen no reconocerá legalmente a su primogénita (tampoco lo hará con sus otros hijos), pero se encargará de su educación y la tendrá a su lado hasta el fin de sus días. Elena incluso sacrifica su vocación religiosa para acompañar a su padre. En alguna ocasión, Yrigoyen admitió que Elena era su "única" hija. Se incomodaba mucho con estas conversaciones, hacía lo imposible por cambiar de tema o, como último recurso, le adjudicaba los hijos a su hermano Martín.

A los veinticinco años Hipólito conoció a Dominga Campos, una muchachita de diecisiete, de buena familia, hija del coronel Julio Campos. Tuvo con ella seis hijos de los cuales tres, murieron de pequeños. La relación con Hipó1ito es escandalosa para la época. Dominga debe abandonar la casa de sus padres. El no vivía con ella pero la mantenía y la visitaba todas las noches y a veces durante el día. Y aquí surge el primer misterio: ¿por qué no se casaron? ¿Sería posible que compartiera la mentalidad de los jóvenes de clase alta que no se casaban con la que "había caído", aunque ellos mismos fueran los seductores? ¿Por qué no reconoció esos hijos? Los tres menores - María Luisa, Sara y Eduardo - habían nacido en el 80, 81 y 82, lo que demuestra una vida compartida. Parece que Yrigoyen daba a sus concubinatos la estabilidad de matrimonios.
En 1889, habiendo hecho un poco de plata con el campo, compró para Dominga y sus hijos una casa en la calle Ministro Inglés. Después de una relación de más de doce años, estaban pensando en casarse. Pero la desgracia parecía perseguir a la joven: ese mismo año, Dominga, que no había cumplido aún los treinta, se enfermó de tuberculosis y tuvo que dejar a sus tres hijos de doce, nueve y siete años para ir a Tandil a tratar de curarse con el cambio de aire. Allí murió, al año siguiente, acompañada tan sólo de un hermano. Su enfermedad y muerte, así como la preocupación por el cuidado de sus hijos, deben haber causado mucha aflicción al temperamento sensible de Yrigoyen. Nunca, sin embargo, dejó traslucir en su vida pública los avatares de su vida privada.

Sin embargo, en 1880, mientras tenía una relación estable con Dominga y se llenaban de hijos, había intentado casarse con una "niña" de la sociedad. El padre de ella se había opuesto con violencia. ¡Jamás permitiría que se casara con ese "compadrito"! La joven obedeció... pero tuvieron un hijo, al que Yrigoyen tampoco reconoció.

En medio del camino de la vida, encontró a la que sería su gran amor de la madurez. Se llamaba Luisa Bacichi. Había nacido en Trieste el 11 de marzo de 1855 y era viuda del escritor Eugenio Cambaceres. Había llegado a Buenos Aires con su hermana en una compañia de bailarinas.
Con esta mujer Yrigoyen viviría hasta su muerte. Se conocieron cuando Hipólito fue a arrendarle la estancia del Quemado, que ella no podía explotar. Luisa tendría entonces cerca de cuarenta años muy bien llevados y él se acercaba a los cincuenta. Allí pasaron felices temporadas y, cuando estaban en Buenos Aires, vivían en la quinta de Barracas, aunque Yrigoyen siempre siguió teniendo su propia casa. En 1897 nació Luis Herman Irigoyen, el hijo de ambos." ¿Qué les impedía casarse? Probablemente las mismas razones de dedicación a la causa. Durante esos años Yrigoyen recibía con mucha frecuencia a amigos y correligionarios en la estancia del Quemado y Luisa se ocupaba de todo como si fuera su legítima mujer.

En 1904 Yrigoyen seguía dando sus clases de Instrucción Cívica y Moral en la escuela normal. Después de la revolución fallida de 1905, lo dejaron cesante. Ese año una de sus alumnas era Alicia Moreau de Justo. En una entrevista ella contó que Yrigoyen había tenido amores con una o más alumnas.
Alicia Moreau de Justo recordó al respecto:
"Detrás de mí se sentaba una chica que era muy bonita, era la más bonita de la clase, pero era un poco ingenua, bastante ingenua. Yo la quería mucho y la empujé pura que diera una clase. La dio y le fue bien. Entonces él se fijó en ella. La hizo bajar a la Dirección, porque las alumnas que él distinguía las hacía bajar a la Dirección y, delante de la directora les echaba un sermón [...] ¡Todas las cosas que ese hombre me dijo sobre lo que yo debía hacer, lo que debía estudiar y cómo trató de conquistarme a través de los elogios! No recuerdo que nadie me haya elogiado como él [...] Y a la muchacha la conquistó así. Pero la conquistó de verdad. Esa pobre chica acabó por tener un hijo de él. Se llamaba. Rosalba."
Si la anécdota es cierta, éste sería el décimo hijo del padre soltero.

Yrigoyen sobreviviría ocho años después de la muerte de Luisa Bacichi. Descontando el paréntesis glorioso de la asunción a la segunda presidencia en 1928, estos últimos deben haber sido los años más dolorosos del viejo caudillo, que tuvo que soportar la ignominia de estar preso dos veces en Martín García y de que una turba saqueara e incendiara su casa de la calle Brasil. Quemaron sus papeles y el gobierno le cerró todo crédito, como si hubiera sido un criminal. A mediados de enero de 1932, Yrigoyen ya anciano, cansado y enfermo, volvía de su segunda reclusión en Martín García acompañado por Elena, su hija, y otros miembros de su familia.
Yrigoyen muere el 3 de julio, moría un ex presidente, un gran caudillo... pero también moría un hombre apasionado que se llevaba a la tumba el misterio de sus amores, de sus hijos y de tantas otras cosas que quizás nunca se lleguen a develar.

sábado, 15 de agosto de 2015

LA HISTORIA DE LA PLAZA DE MAYO EN IMAGENES

LA HISTORIA DE LA PLAZA DE MAYO  EN IMAGENES

Así era en 1800







En 1810




En 1811 se hace la pirámide



















A principios de 1900 así



Cuando nevó, en 1918

Hasta nuestros días





Plaza de mayo, con las madres