viernes, 12 de febrero de 2016

EL DIABLO IMPLORANDO A DIOS Y LA LECHE DE LA MUJER AMADA

EL DIABLO IMPLORANDO A DIOS Y LA LECHE DE LA MUJER AMADA

Invasión Alemana a Rusia


En este interesante capítulo sobre la Invasión Alemana a Rusia durante la 2ª. Guerra mundial, que Gonzalo Ugidos publica en su libro “ Chiripas de la historia”, que es una antología de las casualidades más increíbles que han forjado el destino de la humanidad.

Mientras los americanos perdían en Pearl Harbor a 2402 hombres, ocho acorazados, tres cruceros, tres destructores, un buque escuela y un minador, además de 188 aviones, en ese mes de diciembre de 1941 los soviéticos hacían arqueo de los estragos sufridos en la guerra. Habían perdido frente al ejército de Hitler cuatro millones de hombres, ocho mil aviones y diecisiete mil carros de combate. Los alemanes se habían apoderado de más de la mitad de la producción de acero y carbón de la Unión Soviética y de todos sus graneros, las fértiles regiones de tierra negra de Ucrania y de la estepa occidental. Tan fuerte fue el azote que ahora, gracias a la apertura de los archivos soviéticos, sabemos que Stalin estuvo a punto de rendirse. Solo desistió de ello al ver el frenético patriotismo que desplegó el pueblo soviético transportando las fábricas amenazadas más allá de los Urales, fuera del alcance de los alemanes. En 1943 el Ejército Rojo derrotó a su enemigo en Stalingrado, y luego en Kursk, y de esta manera empezó lo que Goebbels, en un virtuoso ejercicio de esgrima retórica, llamó «el avance táctico sobre la retaguardia» de las divisiones de Hitler. Cómo y por qué sucedió así, en contra de todas las expectativas razonables, sigue siendo el interrogante principal de la guerra más sanguinaria y devastadora de la historia. Si Stalin se hubiera rendido, como pretendió, Hitler muy probablemente habría muerto en la cama y la civilización habría muerto en aquella guerra.
En el ardor guerrero de los rusos hubo algo más que patriotismo. Hubo también NKVD. Con esas siglas se conocía en la Unión Soviética al Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos; o sea, una policía política secreta. El miedo a la NKVD empujó al pueblo soviético a luchar contra la invasión de los nazis en la Operación Barbarroja, que era el nombre en clave dado por Hitler al plan de invasión de la Unión Soviética por parte de las fuerzas del Eje.
El 22 de junio de 1941 tres millones de soldados —alemanes y otros contingentes de sus aliados— cruzaron la frontera rusa. Esta operación abrió el frente oriental, que se convirtió en el teatro de operaciones más grande de la guerra, el escenario de las batallas más sangrientas y brutales del conflicto en Europa. Pero el miedo es una sensación negativa y destruye tanto o más de lo que construye. Por eso a Stalin se le ocurrió algo mejor para animar a la resistencia a los rusos. Para estimular el patriotismo volvió a abrir las iglesias y fomentó la asistencia a los oficios religiosos. El diario Pravda escribió por primera vez con mayúscula inicial la palabra Dios. Stalin tendió puentes con la Rusia zarista y en julio de 1942 se acuñaron medallas al heroísmo que llevaban los nombres de los grandes generales zaristas Kutuzov, Suvorov y Najimov. En los momentos más críticos de la batalla de Stalingrado se anunció que los oficiales volverían a llevar insignias y galones dorados. Ni las iglesias ni las medallas ni los galones derrotaron a los ejércitos alemanes, pero devolvieron al Ejército Rojo la confianza en sí mismo. Para ganar la guerra el diablo no dudó en implorar a Dios.
Pero la alimentación fue también decisiva. La clave de la resistencia de los rusos al gélido ambiente fue su alimentación a base de carbohidratos y grasa: cerdo, tocino crudo curado con sal, limón y ajo (sálo), mantequilla, crema agria de leche, y bebidas calientes a base almíbares de melocotón, dátiles, o cerezas… y vodka, por supuesto, acompañado de un diente de ajo y una cebollita en encurtido. Los alemanes tenían una dieta pobre en grasas y bebían «leche de la mujer amada» (Liebefraumilch), que aunque se llamaba así no era leche, ni mucho menos de la mujer amada, sino un tipo de vino blanco semidulce.
chiripas de la historia


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