martes, 5 de mayo de 2015

GILDA, LA MILAGROSA: LA SANTA DE LOS POBRES

GILDA, LA MILAGROSA: LA SANTA DE LOS POBRES



Míriam Alejandra Bianchi, más conocida por su nombre artístico Gilda  por sus seguidores y la prensa) (Buenos Aires, Argentina, 11 de octubre de 1961 - Ceibas, Entre Ríos, Argentina, 7 de septiembre de1996), fue una cantante y compositora argentina de cumbia y música tropical.

Comenzó la carrera de maestra jardinera y Profesorado de Educación Física, pero debió interrumpirlas en 1977 al fallecer su padre, con sólo 16 años, y debió hacerse cargo del hogar. Se casó luego y tuvo dos hijos, Mariel y Fabricio Cagnin.


Su carrera musical comenzó cuando respondió a un aviso en el periódico, dónde pedían vocalistas para un grupo musical. Su voz y su carisma le ganaron un lugar en una banda de género tropical, y su familia cedió, después de una oposición tenaz, a que incursionara en el mundo del espectáculo. Miriam se convirtió en Gilda, en honor a la femme fatale que encarnaba Rita Hayworth en la película del mismo nombre.


La banda no tuvo éxito y al poco tiempo formó “Crema Americana”,  un grupo con el que durante un año tocó los éxitos del momento por todo el  Gran Buenos Aires. Contra los deseos de su familia, a quienes no le gustaba el ambiente de la música tropical, la cantante continuó con su carrera musical.

Algunas cosas curiosas sobre la vida de la cantante popular: Gilda puso la voz en dos discos del grupo Las Primas, cuando todavía no tenía en mente ser cantante solista y mucho antes de que se armara su grupo musical La Barra. También compuso y grabó en un casete el tema La Playa Tropical para el disco Flavia está de fiesta de Flavia Palmiero, se trata de la canción número once de ese trabajo.


Cuando estaba por cumplir 27 años, se encuentra casualmente con Toti Giménez, un amigo de la infancia quien en ese momento estaba tocando con Ricky Maravilla. Gilda lo invitó a escucharla cantar en algunos de los festivales de la escuela y él quedando fascinado con una parodia de música de bailanta que realizó con los alumnos. Giménez le propone cultivar el género, grabaron algunas canciones e inicia su carrera en la música tropical.

"Cuando éramos chicos, Toti tocaba música clásica y estaba en el coro del Teatro Colón. Por eso, al reencontrarnos, no podía creer que fuera músico de Riki Maravilla", recordó Gilda siendo ya famosa.

Con ese conocimiento del mundo bailantero, Giménez le hizo escuchar el cassette a un representante quien enseguida llevó a Gilda a un estudio para que grabara su primer disco: "De corazón a corazón".

Se divorció de su marido y comienza una relación personal y profesional con Toti Giménez. La rectora del colegio donde trabajaba la hace dejar su puesto y así pasa definitivamente de maestra jardinera a cantante..

Toti es el hombre encargado de forjar la leyenda de Gilda.


Fue él quien la convenció de lanzarse como solista y la apoyó en la lucha contra las compañías discográficas, que por entonces creían que el mundo de la música popular era exclusivo para voces masculinas.

Een 1993 lanzó  su primer disco  ‘De corazón a corazón”, seguido por  “Corazón herido” y  “Pasito a pasito”, que contenía el éxito ‘No me arrepiento de este amor‘.
Durante su corta, pero exitosa carrera que la llevó de gira por casi toda América Latina, la cantante vendió  millones de discos, logrando el de oro, platino y doble platino.


Entre 1992 y 1995, Gilda grabó cuatro álbumes y, a pesar de haber convertido algunas canciones en éxitos que trascendían el ambiente de la cumbia (algunas fueron apropiada por hinchadas de fútbol en sus cantos de aliento y otras eran bailadas en las discotecas de clase media), su nombre no era citado dentro del grupo de las cantantes más reconocidas del momento.


 A través de su música, invitó al público a ingresar en sus mundos mágicos, donde proponía otras maneras de sentir la música popular, provocando una fuerte conexión con el público. Ella conocía lo que significaba ser uno mismo. Quizás de esa experiencia lejana de su trabajo con niños mezclada con la fuerte energía del ritmo tropical, hizo que surgiera la popularidad casi mística donde llegaron a ovacionarla multitudes en toda Latinoamérica. Tan fuerte fue el impacto que ella causaría en el público, que durante un recital en Jujuy, Gilda , vio llorar a una niña cerca del escenario. Al finalizar el concierto la abuela de la niña se acercó para decirle el motivo por el cual la niña lloraba: «su madre está en terapia intensiva, y la niña le pone tu música como si ésta pudiera curarla». Así fue que al tiempo la madre se recuperó. Luego en el medio de otro recital una señora, le pidió a gritos que le cure la diabetes. Gilda se quedó callada, sus músicos comenzaron a impacientarse pidiéndole que cante, Gilda la miró y le dijo «No hago milagros, pero si el poder de mi música te puede ayudar, bienvenida sea la música».

Había otra cosa en la que estaba claramente definida: Gilda era fanática de Boca Juniors.


Gilda siempre fue muy buena compañera, una persona muy sensible a las necesidades de los otros, siempre dispuesta a ayudar. Esa capacidad para la empatía con los demás y un espíritu muy solidario fueron los que cimentaron una relación más allá de la música con sus seguidores

Muerte

El 7 de septiembre de 1996, en el kilómetro 129 de la Ruta Nacional 12 (Argentina), en camino a Chajarí, Entre Ríos, un camión embistió al colectivo donde viajaba, falleciendo junto a su madre, su hija mayor, tres de sus músicos y el chofer del ómnibus.

Desde su muerte muchos fans le atribuyen la condición de santa, debido a que ha realizado varios milagros. 


Existe, incluso, un santuario en su honor en el lugar donde ocurrió el accidente fatal, en el cual se conserva también el ómnibus en el que viajaba la cantante. Sus restos descansan en la tumba n.º 3635 de la galería 24 en el Cementerio de la Chacarita.



Apenas un año después, la compañía discográfica Leader Music editó el disco titulado Entre el cielo y la tierra, con algunos temas grabados por la vocalista antes de su muerte, del que se vendieron miles de copias. Fue una especie de collage sonoro, con apenas cinco temas en estudio, otros dos registrados en vivo y la participación de Tormenta, Antonio Ríos y el Grupo Green.
El producto se difundió con alto impacto: el productor musical y tecladista Juan Carlos “Toti” Giménez, dijo que los temas habían sido encontrados en el lugar del accidente, sobre la banquina del kilómetro 129 de la ruta 12.

Era un casete en el que Gilda había grabado llamado “No es mi despedida”, como una escalofriante premonición.

En realidad, la creación no fue un presagio, sino el regalo de la cantante a un grupo de fanáticas que acompañaron a la banda durante toda su gira por Bolivia.
Para el trompetista Dani de la Cruz, la famosa historia del casete no fue más que un negocio inventado por Giménez, quien figura como autor de la canción. “Fue una cuestión de marketing”, asegura el músico peruano de la banda, que trabajó en La Nueva Luna, La Repandilla y que hoy forma parte de Damas Gratis.
En ese mismo año la discográfica organizó el “Tributo a Gilda”, un recital en el teatro Astros, cuya entrada se acondicionó como un museo dedicado a la ídola. Allí actuaron los mismos artistas que figuran en el disco, más el show de Los Gorilas, la nueva banda armada por Toti. “La entrada costaba 50 pesos y a los clubes de fans nos dejaron afuera”, recuerda indignado Claudio Milano, presidente del club “No me arrepiento de este amor”.



Inmediatamente, se forjó en torno a Gilda una aureola de "santa", y vean hasta donde llegó la cosa, que el lugar donde se produjo su accidente, se convirtió en un lugar de peregrinación (allí hay un monolito donde se indica el lugar exacto de su accidente, además de una cruz de madera donde la gente coloca flores).


Hoy son miles los fieles que trasformaron el lugar del accidente en santuario y la recuerdan con su imagen y su música, al tiempo que cuentan haber sido curados de enfermedades, haber recuperado la fertilidad o haber sido bendecidos con la lotería en plena necesidad. Sus fans relacionan su música y su figura con una magia mística y poderosa. Lo cierto es que hoy es natural escucharla en todos lados: en una cancha de fútbol, en un casamiento o en una escuela. Quizás ella esté donde siempre quiso estar: entre el cielo y la tierra.


Los fans de quien en la vida real fue Miriam Bianchi, una maestra jardinera que un día descubrió que podía ser exitosa en el plano musical, consideran que Santa Gilda, como también la denominan, es capaz de cumplir sus pedidos relacionados a la salud, el trabajo o la concreción de sueños postergados.Uno de los hechos increíbles relacionados con ese tipo de revelaciones tuvo lugar hace cerca de un año cuando una mujer fanática de Gilda le pidió por la salud de su hijo, un adolescente afectado de un grave cuadro de diabetes que poco tiempo después logró sortear los efectos de la enfermedad


Al año siguiente, allí se levantó un altar, donde colocan muchos objetos en ofrenda, y también hay que mencionar que el autobús donde viajaba Gilda se conserva cerca de ese lugar.

Actualmente miles de devotos se movilizan a pedirle ayuda tanto a su tumba en el primer piso, galería 24 del Cementerio de la Chacarita como hasta el Santuario levantado en Paranacito, llevándole ositos, cartas de amor, flores, cintas, dibujos, prendas, escarpines, ramos de novia y rosarios, etc. En la provincia de Tucumán, una calle de un barrio lleva su nombre, y también un barrio en el partido de Ensenada, Buenos Aires.



Por cierto, hay incluso un museo con objetos personales de Gilda, que en un principio fue itinerante (vamos, que no tenía un lugar fijo).

El juez correccional de Gualeguaychú, Jorge Torres, condenó a 2 años y 6 meses de prisión en suspenso  al camionero brasileño Renato Sant Ana, acusado de provocar el accidente en el que murió la cantante bailantera Gilda. También dispuso 7 años de inhabilitación para manejar.



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