lunes, 20 de julio de 2015

La soltería de Manuel Belgrano

LA SOLTERÍA DE MANUEL BELGRANO


La soltería de Manuel Belgrano es algo que sorprende- a quienes tratan de adentrarse en su personalidad a través de sus actos y sus escritos. Sin embargo no era infrecuente para un hombre el hecho de casarse más allá de los cincuenta con alguna joven a la que se triplicaba en edad. Así que resulta imposible saber qué hubiera hecho Belgrano de no morir en forma prematura.

Toda una gama de ocupaciones: políticas, periodísticas, comerciales y militares, ocupaban el tiempo de Manuel Belgrano. Nada se dice de sus actividades sociales pero sin duda las tendría. Estaba muy bien considerado por la elite porteña. Era inquieto, progresista, luchador y físicamente atractivo, de aspecto más germano que latino, con pelo castaño claro, ojos azules, cara y nariz finas. ¿Qué lo alejaba del matrimonio? Muchos opinan que una enfermedad venérea contraída en sus juergas salmantinas eran un impedimento, más moral que físico, para formalizar un matrimonio. Quién sabe qué temores habrían infundido los médicos y hasta los mismos amigos, sobre las posibles consecuencias de contagio a su mujer o a sus hijos. Estos temas no se trataban en la correspondencia y si hubiera llegado a hacerlo no faltarían parientes que por "velar el honor" del sujeto y de la familia, destruyeran todo testimonio. Este mismo prurito fue el que impidió a Belgrano reconocer a sus hijos. No estaba en juego sólo su honor sino el de dos mujeres casadas.

En los meses que van desde la llegada de Belgrano a Buenos Aires y su partida hacia Tucumán, debe haberse producido el encuentro con María Josefa Ezcurra, hermana de Encarnación y cuñada de Rosas. Quizás la conociera de antes, de alguna de las tantas tertulias donde los porteños alternaban con las porteñas. María Josefa, la mayor de las Ezcurra, se había casado a los dieciocho años con un primo, Juan Esteban Ezcurra, llegado de Navarra. Después de nueve años de matrimonio, sin haber tenido hijos, Ezcurra, disconforme con la revolución de mayo, había vuelto a su tierra para seguir desde allí sus negocios de comercio de ultramar. Esta separación de hecho se prolongaría para toda la vida pero sin rencores, ya que él, al morir, la nombraría su heredera, dejándola en muy buena situación económica. María Josefa era a los veintisiete años, una casada con la libertad de una viuda. Ella se enamoró del apuesto general, que no representaba los cuarenta y pico de años que tenía, e iniciaron un romance. Cuando Belgrano partió con el Ejército del Norte, ella tuvo la valentía suficiente para seguirlo hasta Tucumán, pero no tanta como para reconocer al hijo de ambos, que fue adoptado por Encarnación Ezcurra y Juan Manuel de Rosas, poco tiempo después de haberse casado. El niño se llamó Pedro Rosas y Belgrano.

En un baile en celebración del 9 de julio de 1816, realizado en San Miguel de Tucumán el 10 de julio, Belgrano conoció a María Dolores Helguero, joven de 18 años, de una distinguida y antigua familia tucumana, integrada por sus padres, Victoriano Helguero y Manuela Liendo, que tenían seis hijos, la segunda de los cuales era María Dolores, más conocida por Dolores. Pronto Belgrano se prendó de la bella tucumana, rubia y de ojos negros, y frecuentaba la casa de la familia (...).

Fruto de ese idilio, en agosto de 1818, Dolores quedó embarazada y, como consecuencia de los trajines de la guerra, Belgrano debió marchar con su ejército por orden del gobierno, el 1 de febrero de 1819, al sur, al frente de 5.500 hombres para reprimir el alzamiento de los caudillos mediterráneos. Ante esta situaci6n, los padres de Dolores la casaron con un catamarqueño de apellido Rivas y el 4 de mayo de 1819 nació una niña, a la que pusieron al ser bautizada los nombres de Manuela Mónica del Corazón de Jesús. siendo sus padrinos su abuela materna, Manuela J. Liendo, y un hermano de ésta, don Celestino Liendo. Del casamiento de Dolores con Rivas, nacen tres niños que obviamente son medios hermanos de Manuela Mónica; tiempo después, Rivas abandona a su esposa.

Belgrano, que se encontraba con su ejército en agosto de 1819 en Pilar, provincia de Córdoba, veía agravase su hidropesía y pidió al director supremo se lo relevara del cargo para restablecer su salud a lo que accedió. En lugar de viajar a Buenos Aires, que estaba más próxima y donde tenía a hermanos y su casa paterna, y podía ser atendido adecuadamente de su enfermedad, hizo un penoso viaje a Tucumán para conocer a su hijita.
Antes de partir de esta ciudad envió una carta al Cabildo de Tucumán, el 22 de enero de 1820, en la que manifestaba: "...Que la cuadra de terreno, contenida en la donación que me hizo la M.I. Municipalidad y consta de los documentos antecedentes, con todo lo que en ella edificado por mí, pertenece por derecha de heredad a mi hija Manuela Mónica del Corazón de Jesús, nacida el 4 de mayo de 1819 en esta capital y bautizada el 7, siendo sus padrinos la Sra. Dña. Manuela Liendo y Don Celestino Liendo, hermanos y vecinos de la misma. Para que conste la firmo hoy 22 de enero de 1820 en la valerosa Tucumán, rogando a las juntas militares, como a las civiles, le dispensen toda justa protección".

Manuela Mónica del Corazón de Jesús se casó en 1852, con un pariente político, Manuel Vega Belgrano y tuvieron tres hijos. Vivía en Azul, donde también viviendo aquel niño huérfano adoptado por Rosas y medio hermano de Manuela: Pedro Rosas y Belgrano. ¿Casualidad? No, unión familiar. En esos tiempos la solidaridad de las familias era el arma más poderosa contra las dificultades y la adversidad.

Si bien Pedro Rosas y Belgrano no necesitaba protección, su padre había dejado dicho que, a su mayoría de edad lo informaran de que era su hijo. Así lo hizo Rosas en 1837, cuando el muchacho tenía veinticuatro años y había sido nombrado Juez de Paz de Azul, donde poseía extensas tierras, regalo de su padre adoptivo. Desde entonces empezó a firmar Pedro Belgrano y trabó relación con sus recuperados parientes, especialmente con su medio hermana Manuela Mónica. No sería raro que hubiera sido el mismo Pedro quien presentara a su medio hermana, ya de treinta y tres años, a su futuro marido Manuel Vega Belgrano, que tenía cuarenta y vivía en Azul. Que la relación entre los hijos de Belgrano fue muy fluida lo demuestra la correspondencia entre ellos.

Pedro Belgrano, que se había convertido en un rico estanciero, se había casado en octubre de 1851, a los treinta y ocho años, con Juana Rodriguez en la iglesia de Azul, siendo sus padrinos María Josefa Ezcurra y Manuel Angel Medrano. De este matrimonio nacieron nada menos que dieciséis hijos, de los cuales sobrevivieron Pedro, Dolores, Juana Manuela, Braulia, Melitona, María Josefa, Manuel, Juan Manuel, Francisco y Emiliano. Los nombres perpetuaban también la unidad familiar.

Manuel Belgrano murió el 20 de junio de 1820, el día más anárquico del anárquico año 20. Sus últimas palabras fueron para la revolución. Pero quizás su último suspiro haya sido para Dolores, aquel amor contrariado, al que llegó tarde, ocupado como estaba en forjar un destino grande para la patria que tanto amaba.


FUENTE: Historias de amor de la historia argentina DE Gálvez, Lucía

domingo, 19 de julio de 2015

CHONINO Homenaje a un perro heróico

              CHONINO Homenaje a un perro heróico



Así se llama la calle de acceso a la Sección Agrupación Perros, entre Salguero y la Avenida Carlos Casares, detrás del shopping Alcorta en la Capital Federal.


¿Porqué  “Chonino?

Chonino fue un perro argentino de raza Ovejero Alemán de pelo largo que perteneció a la Policía Federal Argentina, recordado por ser el único que murió en acción en toda la historia de la Fuerza, y que por su valentía y sacrificio se conmemora el "Día Nacional del Perro" el día de fallecimiento.

Chonino era un perro Ovejero Alemán de gran tamaño, nacido el 4 de abril de 1975. En diciembre de 1977 fue reclutado por la Policía Federal Argentina en la División Perros y luego de ser adiestrado como perro de seguridad, se lo catalogó como perro de presa; por lo que se lo reconocía apto para entrar en acción en situaciones donde peligrara la vida de sus conductores o terceros inocentes.

El 2 de junio de 1983, realiza un patrullaje de rutina junto a su guía, el Suboficial Luis Sibert, en compañía del agente Jorge Iani en la avenida Lastra y Generel Paz. Cerca de las 20 horas en una noche fría y bajo una fuerte lluvia, los oficiales se encuentran con dos sospechosos que merodean la zona sobre la calle Lastra cerca de un comercio que estaba por cerrar entre los autos estacionados. Al tratar de identificarlos, los malhechores comienzan a efectuar disparos, y los uniformados se traban en lucha con los mismos. En el enfrentamiento, ambos oficiales resultan gravemente heridos, como también los delincuentes, alcanzados por las balas del Suboficial Sibert, aunque heridos de menor gravedad logran huir a la carrera hacia la avenida Gral. Paz. Durante la huida, Chonino, al ver herido a su guía y recibiendo la voz de ataque, corre y se abalanza sobre uno de sus agresores, lo ataca y logra desarmarlo, pero recibe un disparo en el pecho, efectuado por el otro delincuente, que le atraviesa todo el torso. El animal, agonizando, se arrastra con sus últimas fuerzas mas de 100 metros hacia su guía que yacía gravemente herido en el suelo y muere sobre él, el Suboficial Luis Alberto Sibert, guía de Chonino, que se recuperaría y lograría salvar su vida luego de las graves heridas sufridas tras varias operaciones y de una larga convalecencia de 6 meses, gracias a pericia de los doctores del Hospital Churruca. Mientras que el oficial Jorge Ianni, moriría más tarde por las heridas recibidas.
Tras el enfrentamiento, la policía constata que Chonino, ya muerto, aún apretaba entre sus mandíbulas un trozo de la campera del delincuente al que atacó: era el bolsillo de su gamulán y en su interior estaban los documentos que lo identificaban. Gracias a este acto heroico, los maleantes fueron detenidos 5 días después en la provincia de Buenos Aires, hacia donde habían huido.

Lo raro de esta historia es que los restos de Chonino descansan en un predio del Círculo de la Policía. Junto a la calle que lleva su nombre está el cuartel de la Montada y allí lo recuerda, asimismo, una estatua de bronce: contra tanto olvido, he aquí a un perro al que sí se recuerda. Era hora.
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Imagen: Pasaje Chonino (Foto tomada de taringa.net).

FUENTE. Fernando Sánchez Zinny y Wikipedia

TESTAMENTO DE JUAN MANUEL DE ROSAS

TESTAMENTO DE JUAN MANUEL DE ROSAS



Testamento del Brigadier General D Juan Manuel Ortiz de Rosas y López

Firmado en Southampton, el 28 de agosto de 1862, y ante los testigos que indica la Ley, en Burgess Farm, el 22 de abril de 1876

Southhampton, Agósto veinte y ocho de mil ochocientos sesenta y dos.
En el nombre de Diós, todo poderóso, y el de María su santísima Mádre, yo Juán Manuél Ortiz de Rósas, y López, por el presénte renuévo éste mi Testamento, que escribo en mi entéro juicio, con mi própia máno, y complétamente buéno.

Priméro- Cómo désde mi juventúd he tenido siémpre hecho mi Testaménto, que he renovádo múchas véces, según lo he necesitádo, decláro sin ningún valór, en ningún tiempo ni cásos, tódos y cáda úno de los anterióres.

2º- Nombro mi Albacéa al Honorable Lord Vizcónde Pálmerston, con facultád pára nombrár ótro en su lugár en los cásos que le fuéren necesarios. En el de su muerte, nómbro á la persóna que desempeñe el Ministério de Relaciones Exteriores, del Gobiérno de su Majéstad Británica. Así procédo porqué habiéndo el Gobierno de Buenos Ayres confiscádo injusta e ilegalmente, mis biénes, éntre los que están elvuéltos los de mi híja Manuelita de Rósas de Terréro, que tiene ya dos hijos ingleses, los mas diez años que téngo de residéncia en éste País, sin haber salido fuera de sus límites un sólo día, con una confucta honráda, y las tan finas como amistósas consideraciones con qué me ha favorecido el Honorable Lord Vizcónde Pálmerston, me impúlsan y aníman, a ésta elección.

3º- Mi funéral débe ser solménte una Misa rezáda, sim pómpa ni aparáto algúno.

4º -Mi cadáver será sepultádo en el Cementério Católico de Southámpton en úna sepultúra moderáda, sin lújo de cláse alguna, péro sólida, segúra, y decénte, si es que hay cómo hacerlo asó con mis biénes, sin ningún perjuício de mis heredéros.
     En ella se pondrán a la parte de los míos los de mi compañera Encarnación, y los de mi Pádre y Mádre, si el Gobiérno de Buénos Ayres lo permite, prévia la correspondiente súplica.

5º Cuándo mis biénes me seán del devuéltos, se entregarán a su beneficio de las Iglésias de Southámpton, quinientas líbras esterlínas, ciénto al Reveréndo Obispo Mr. Grant y ciento al Reveréndo Mr. Mount.

6º A nadié debo algo ní en dinéro, ni en cósa algúna que lo válga.
- Péro cuando mis bienes me sean devueltos, hay que pagar las cuatro mil libras esterlinas, que debo entonces devolver y entregar con los intereses correspondientes, según las contrátas que están en mi poder, y mis recibos que presentará la compañía.
-La entrega debe hacerse, una cuarta parte a los seis meses, otra el año, otra a los diez y ocho meses y el resto a los dos años, con el intéres del diez por ciento al año, dede la fha. de cada entrega recibida por mí, se´gun y en los términos que se expresa en las contrátas, y en los ya enunciados en mis recibos.

61/1 - Todo cuanto poseo es mío propio sin intervenciñon, ni sociedad con nadie. - Nada mas tengo ni en Europa, ni en América, ni en parte alguna, que lo que está públicamente en Buenos Ayres a la vista de todos, unas tierras, seis leguas de frente con ocho de fondo, qe. me fueron donadas el año veinte y portesiormente, con doble repetición, y encarecimiento para obligarme a su aceptación, por la Legislatúra de Santa Fée, al Sud de ésa Provincia, cuya donación admití con permiso de mi Gobierno; y el diner háber que pudéra tener a mi favor mi cuenta corriente con los Sélores D.G.J. Dickson y Compa.

7º - Soy acreedor al Estado de Buenos Ayres por el importe de (116.000) ciento diez y seis mil reses, novillos y vacas gordos, cuarenta mil siscientoas ovejas, todo de mi propiedad, consumidos los unos, y empleados los otros en los ejércitos de Buenos Ayres -De ellos están en mi poder algunos, recibos, como de la décima parte, de los que dieron los Juéces de Pas a mis capataces. Por delicadeza no pedí a la Honorable Legislatura, durante los veinte y tantos años de mi Administración, se me hiciera el abono correspondiente, .-Mi Albacéa solicitará del Gobierno de Buenos Ayres, el debido pago. -Solicitará también el de sesenta mil cabezas de ganado, entre vacas, novillos y terneros, mil bueyes gordos de lo mejor, tres mil caballos buenos y sanos, cien mil ovejas, cien mil anim. yeguarizos y demas de mi propiedad, de que ha dispuesto el Gobiernoi, desde el dos de Febrero de mil ochocientos cincuenta y dos; y exigirá también de todos esos créditos a mi favor, los intereses
 correspondientes del seis por ciento al año, capitalizándolos cada seis meses.

8º- Todo cuanto me deben los pobres, lo cédo en su beneficio.

9º- A mi hijo Juan Ortiz de Rosas, entregue al poco tiempo luego del fallecimiento del su Madre, todo lo que le tocaba por Herencia Materna - Consistía en las Estancias "Encarnación", y "Sn. Nicolás", con veinte leguas de tierra cuadradas, cinco mil ochocientos cabezas de ganado vacuno, de año arriba, incluso lo que ya habia recibido antes en el Azul, y los caballos, yeguas, ovejas , utiles y demas correspondientes. Se recibió también de un terreno sobre el Riachuelo en la Ciudad de Buenos Ayres, en la parte interior, con los fondos ácia la convalesencia, cuya superficie tiene como de noventa a cien, o mas cuadras cuadradas.
- Posteriormente se ls compré sabiendo yo que Juan estaba proximo a vender esas veinte leguas cuadradas, se las compre y pague a mi dicho hijo Juan, en cuatrocientos mil  pesos, eas mismas referidas vente leguas de tierra cuadradas, correspondientes a las Estancias "Encarnación, y "Sn Nicolás", - Y los ganados con sus poblaciones los compré al Sr. Dn Simón Pereyra

10º - Todas las alhajas que tiene mi hija Manuelita de Rozas, de Terrero, que yo le compré, o le dí, son de su pura y legitima propiedad.

11º He entregado a mi dicha hija, las Escrituras de las cinco casas siguientes, que le pertenecen por Herencia Materna. - La que fue de Dn Diego Aguero. - A esta corresponde el jardín de los corredores, y su terreno. La que fue de Dn. Carlos Sta María. - De esta es el patio de los cinco naranjos y una lima. - La comprada a Da Rafaela de Arce. - La que fue del Canónigo Doctor Dn. Saturnino Segurola; y la que compré a Dn. Francisco del Sar. - Esta es con las excepciones siguienes, que no son de Manuelita, por haber yo agregado estos pedazos de tierra a mi casa, que es la que compré a mis padres políticos, Dn. Juan Ignacio de Ezcurra, y la Da. Teodora de Arguibel y Ezcurra - Parte del terreno en que está edificado el Salón principal. - El en que lo están también la cocina, el cuarto del cocinero, las letrinas y el patio con el corredor de aquellas y éstas.

12º - A Eugenia Castro en correspondencia al cuidado con que asistió a mi Esposa Encarnación, a habérmelo recomendado poco antes de su muerte, y a la lealtad con que me sirvió asistiéndome en mis enfermedades, se le entregarán por mi Albacéa, cuando mis bienes me sean devueltos, (800$) ochocientos pesos fuertes metálicos.

13º - A la misma Eugenia Castro, pertenecen, la casa que fue de su finado padre, el Coronel Juan Gregorio Castro, cita, de la Concepción para el campo, la que le entregué como de su legítima herencia; y un terreno contiguo, que para ella, compré y regalé.
      Las escrituras de aquela y de éste, las mandé al Señor D. Juán Nepomucéno Terrero. Entiendo haber este entregádolas ya a Eugenia.

14º - Son de la misma, los (41.970 ps. 5 1/2 reales) cuarenta y un mil novecientos setenta pesos, cinco y medio reales, que segun mi carta fecha ocho de Febrero de mil ochocientos cincénta y dos, al Sr. Dn. Juan N. Terrero, deposité en su poder, como propiedad de dicha Eugenia.

15º - Entiendo también que ya asimismo, a entregado dicho Señor, ese dinero a la misma Eugenia, - A Vicente, su hermano, corresponden, (20.985 ps 2 1/2 rs) veinte mil novecientos ochenta y cinco pesos dos y medio reales, de su herencia y réditos, durante yo la manegé.
     Su padre solamente dejó la casita en mal estado, de la que tasada que fue, la parte que tocó a Vicente se la adjudiqué en dinero, del correspondiente a Eugenia - Así quedó la casa toda de Eugenia puramente.
      Estos 20.895 ps. 2 1/2 rs. los deposité también en poder del Sor. Dn. Juan N. Terrero para que los tubiera a la disposición de Vicente, según mi referida carta al mismo Sor. escrita el 8 de Febrero de 1852. - Y entiendo del mismo modo que ya también ha entregado ese dinero a Vicente.

continua en otro.....
 Continuación:

16º - A mi muy querido amigo, a mi sincero consuelo en la prisión de mi pensamiento, en la soledad de mi destino, y la pobreza, el Señor Dn. José María Roxas, y Patrón, se entregarán por mi Albacea con preferencia, doce mil pesos fuertes metálicos, que le pertenecen por las cantidades con que hasta la fecha me ha auxiliado; más los réditos al tres por ciento al año, desde el treinta de Marzo de mil ochocientos cincuenta y ocho, más mil pesos fuertes metálicos cada año, desde el (25) veinte y cinco de Junio del presente año de mil ochocientos sesenta y dos, durante yo viva, o mis bienes me sean devueltos, o yo no anote en éste testamento, haber terminado ésta mi obligación, o no haber recibido el todo, o parte, de ésos mil pesos fuertes metálicos, que seguiré recibiendo en cada año por trimestres de a cincuenta libras esterlinas (L 50) - Tanto los doce mil pesos fuertes indicados, como los mil que recibiré cada año en adelante, según queda referido, serán entregados, en el caso de
 muerte del Señór Dn José María Róxas, y Patrón, a su Esposa la Señora Da Manuelita de Vivar de Roxas, y Patrón, a quien en tal caso, precisamente corresponden segun nuestro acuerdo con el referido Señor Róxas.

- Al mismo Señor Róxas, en justa correspondencia a sus distinguidos servicios, en la epoca que presidí el Gobierno de la República Argentina, como su Gefe Supremo, (y con la expecialidad por los importantes recursos que me facilitó para el mejor, y más completo resultado del negocio pacífico con los Indios pampas; campaña contra todos los Indios de los desiertos del Sud, en la que fueron muertos veinte mil, y reducidos también como otros veinte mil a la obediencia del Gobierno; "apertura de las costas que se desenvuelven desde la Cordillera de los Andes hasta el afamado Magallanes, en los años 33 y 34"), se entregará también por mi Albacéa, el Pabellón, que triunfante siempre, flameó en todas estas costas,cordilleras, Penínsulas, Bahías, Cerros, Payen, Clemente López, Ríos Negro, Balchitas, Colorado, Neuquén y demás Rios de esas costas del mar, y de las Cordilleras, Río Grande y grandes lagos, habiendo además librado del Cautiverio, a más de seis mil Argentinos y Chilenos, cistianos,
 la mayor parte mugeres, todos los que volvieron al seno de sus familias.

- Muerto el Señor Dn. José María Roxas, ese Pabellón pasará a su Esposa la Señora Da Manuelita Vivar de Róxas, y Patrón; y muerta ésta a cada uno de sus hijos e hijas, por escala de mayor edad. - Muertos estos pasará a mi hija Manuelita de Rósas de Terréro, y por su muerte a sus hijos y mios nietos, Manuelito y Rodrigo, por escala de mayor edad.

- Y tanto por los servicios enunciados con que el Señor Roxás me ha auxiliado, y servido, como también por los que con las luces de su ilustrada capacidad, con su pluma y los sabios consejos de su gran práctica, y estudios en los grandes Negocios de Estado, me ha ayudado en el trabajo de las obras, o sean apuntes, que he escrito en este País, desde 1852, sobre la Religión del hombre, sea cual fuere su creencia, la una sobre la Ley Pública la otra; y sobre la ciencia medica la otra; mi Albacea le entregará también, la espada puño de oro, que me presentó la Honorable Junta de Representantes de Buenos Aires, por las Victorias en la Campaña a los desiertos del Sud en los años 33 y 34.

- Esa espada está sin la vaina que he vendido para atender a mis urgentes necesidades.

- Muerto el Señor Róxas, pasará a su Esposa la Señora Da Manuelita, por muerte de ésta a cada uno de sus hijos e hijas, por escala de mayor eda, y por muerte de éstos, a cada uno de los hijos e hijas, de mi primer amigo el Señor Dn Nepomuceno Terrero, por la escala de mayor edad.

- Y además entregará también mi Albacea, el Señor Roxas, todos mis papeles curiosos, y libros manuscritos, con excepción de las tres obras, sobre la Religión, la una, La Ley Pública la otra y ciencia médica la otra, que segun la cláusula siguiente 17º tomará para sí, el Honorable Lord Visconde Palmerston, por su muerte su Esposa la Esclarecida Lady Palmerston, y por su muerte de esta la persona que en tal caso, es nombrada mi Albacéa por muerte de Lord Pálmerston.

- Esos papeles curiosos y libros manuscritos por muerte del Señor Róxas, pasarán a su Esposa la Señora Da Manuelita; muerta esta pasarán a mi primer amigo el Señor Dn Juan Nepomuceno Terrero; muerto esto, a su esposa la Señora Da Juanita Rabago de Terrero y muerta esta, a cada uno de sus hijos e hija por escala de mayor edad.

  Y es de mi explicita voluntad disponer, mandar y declarar, como lo hago, quedar el Señor Dn. José María Róxas, y Patrón, y la Señora Da. Manuelita, su Esposa, facultados para vender o regalar, o colocar dónde quieran, cualquiera de esos artículos, o todos ellos, sin limitacion de ningún género, en ningún tiempo, ni caso, antes o despues de mi muerte.

17º To Right el Honorable Lord Vizconde Palmerston, tomará para si las obras escritas por mi durante mi permanencia en este Imperio Británico, desde Mayo de mil ochocientos cincuenta y dos, a las que seguiré agregando lo que pueda y crea conveniente.
       Por muerte del referido Lord Pálmeston, pasaran a su Esposa, la Esclaredida Señora Lady Palmerston; y a su muerte de esta a mi Albacea.

18º - A mi primer amigo el Señor Dn Juan Nepomuceno Terrero, se entregará la espada que me dejó el Excelentísimo Señor Capitán General Dn José de San Martín ("y que lo acompaño en toda la guerra de la Independencia") "por la firmeza con que sostube los derechos de mi Patria". Muerto mi dicho amigo, pasará asu Esposa la Señora Da. Juanita Rábago de Terrero, y por su muerte a cada uno de sus hijos, e hija, por escla de mayor edad.

19º - Y es muy explícita prevención que al dicho Señor Dn. Juan Nepomuceno Terrero, mi primer amigo y compañero, se entregue todo cuanto me corresponda, y de que pudiendo yo disponer segun las Leyes, no sea incuido, ni corresponda a las cláusulas de este Testamento ni a las posteriores adiciones que yo le hiciere. - Muerto mi amgo, esta entrega se hace a su Digna Esposa, mi muy amada comadre, la Señora Da Juanita Rábago de Terrero. Y por muerte de esta, pasará a mis hijos Juan y Manuelita.

20º - La mitad de mis libros impresos en Español, se entregará a mi hijo Juan, y la otra mitad a mi hija Manuelita

21 - Mis libros en Ingles, Frances, y otros idiomas que no sea el Castelláno, se entregarán a mi hijo Político el Señor Dn Máximo Terrero, debiendo ser incluido entre los libros que se le entreguen, el Archivo Americano, y otros libros que sean impresos también en Español, Ingles y Frances, o en cualquiera otros idiomas, amás del Español.

22º - Mi ropa, y reloj con su cadena tambien como el de oro los dejo a mi hijo Juan Ortiz de Rosas.

23 - La Medalla con sesenta o mas brillantes, que me presentó la Honorable Representación de la Provincia de Buenos Aires en testimonio de gratitúd por la Campaña a los desiertos del Sud en los años 33 y 34, la regale a mi hija Manuelita de Rosas de Terrero, para que hiciera de ella lo que mejor le agradare.

24º - En el período de mis ocupaciones públicas, no me fue posible arreglar con los Señores Dn. Juan José y Dn Nicolás Anchorena el precio de mis servicios, y de mis gastos en su beneficio. - Despues, durante el tiempo de mi administración, y como Gefe del Estado, siguió aun mayor esa imposibilidad. - El tiempo no me bastaba, ni aun para el mas preciso descanzo. Y desde el dos de Febrero de mil ochocientos cincuenta y dos, nada he escrito al Señor Dn, Nicolás, ni después de su muerte, a su Viúda la Señora Da Estanisladá, ni a sus hijos, porqué, el silencio de aquellos y de estos, me hacía conocer mis temores. - Y auqnue el Sor. Dn. Jn. Nepomuceno Terrero bien conocér en algunas de sus cartas, finos ofrecimientos hacia mi, del Sor. Dn Nicolás, cómo éste nada me escribió, ni me dijeron sus hijos cuando vinieron a Europa, yo también creeí prudente continuar en el mismo silencio puesto que en las circunstancias del Pais y las mias, podrían mis cartas causárles algún mal.

- Pero muerto yo, mi Albacea débe arreglar ese asunto, pidiendo yo el importe de esos mis largos y muy riesgosos servicios, pues que los fundé y cuidé, varias estancias, en los campos entonces expuestos a las invasiones de los Indios, cuando estos en el año 818, sus primeras tolderías empezáran en la "Cabeza del Toro" a la corta distancia de  tres o cuatro leguas del Salado y seguían numerosas sin interrupción, muy inmediatas, a esas estancias de los S. S. Anchorena, que poblé y cuidé más de doce años.

- El Sor. Dn. Juan José Anchorena, y despues el Sor. Dn. Nicolás, su hermano, varias veces quisieron entregárme el dinero, en que yo estimase mis servicios, pero nada quise recibir, manifestando siempre el desinterés con que les servía; y por mis ocupaciones úblicas, así de acuerdo entre ambas partes, dejábamos ese arreglo para mejor oportunidad.

- Despues de mi retiro de la vida pública, en los once años corridos, he tendio sobrado tiempo para meditar y arreglar el precio de mi trabajo.

Considero justo se me abone por los herederos de mis primos los S.S. Dn. Juan José y Dn. Nicolás Anchorena y sus Viúdas, o ya séa por la testamentaría, doscientos pesos fuertes metálicos en cada mes, que en doce años son veinte ocho mil ochocientos pesos fuertes metálicos....................................................................28.800
- El redito de 23 años desde el treinta, al 6%............................39.744
- Cuatro mil pesos que entregué a Da. Urmestada Ramirez
para las compras, gastos de peones, y de más en las
conducciones de las haciendas a los Inojales y a los Toldos
viejos, donde lo mataron los Indios, como a todos los peones.......4.000
- Mis gastos en las comiciones a Sta. Fé, Entrerrios, y en
otras diferentes empresas patrioticas, por cuenta de los
S.S. Dn. Juan José de Anchorena y Dn Nicolas Anchorena...........6.000
                                                                                               78.544
Son setenta y ocho mil quinientos cuarenta y cuatro pesos fuertes metálicos

Los S.S. Dn Juan N. Terrero y su hijo Dn. Máximo están impuestos de lo que me deben Dn. Martin Farias, Carabajal, el finado Encargado de Negocios del Gobierno Boliviano Dn. N. Rodriguez, Dn. Pasqual Peredo, Dn Juan Genaro Chaves, Mr. Hallet, Ex Editor de la "Gaceta Mercantil, la Señora Da. maria Josefa Ezcurra, el Señor Dn. José María de Ezcurra, y otras personas. - Y en fé de todos y cada una de las veinte y cuatro clausulas de este mi testamento, lo firmo en Sothampton el treinta y uno de Agosto de mil ochocientos sesenta y dos.
                                                   Juan Manuel de Rosas

No habiendo sido firmado este mi estamento presente los testigos dispuestos por la Ley, lo firmo ante ellos, hoy en Burgess Farm, el 22 de Abril de 1876.

                                                   
Juan Manuel de Rosas

Signed and declared by the said Juan Manuel de Rosas as his last will and Testament contained in sisteen sheets of paper in the presence of us present at the same time who at his request in his sight an in the presence of us present at the same time who at his request in his sight and in teh presece of each other haver hercunto set and subscribed our names this twenty second day of April one thousand eight hundred and sevety sis as Witnesses

Henry Bencorft, Surgeon, 153 St
Mary Street, Sothampton
Alfred Ede, Swanthling Farm, near Southampton.
Búrges farm, Near Southampton, Junio veinte y dos de mil ochocientos setenta y tres


TESTAMENTO DE SAN MARTIN

TESTAMENTO DE SAN MARTIN



París 23 de enero de 1844

En el Nombre de Dios todo Poderos a quien reconozco como Hacedor de Universo; Digo yo José de San Martín, Generalísimo de la República del Perú, y Fundador de su libertad, Capitán General de la de Chile, y Brigadier General de la Confederación Argentina, qe, visto el malestado de mi salud, declaro por el presente Testamento lo siguiente:

Primero. dejo pr. mi absoluta Heredera de mis bienes, havidos y por haver a mi única Hija Mercedes de San Martín actualmente casado con Mariano Balcarce

2º-Es mi expresa boluntad el que mi Hija suministre a mi Hermana Maria Elena, una Pensión de Mil -frans. anuales, y a su fallecimiento, se continue pagando a su hija Pertronila, una de 250 hasta su muerte, sin qe. pa. asegurar este don qe. hago a mi hermana y Sobrina, sea necesarías otra Hipoteca qe.la confianza qe. me asiste de qe. mi hija y sus herederos cumplirán religiosamente ésta mi boluntad.

3º-El Sable que me a acompañado en toda la Guerra de la Independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas, como una pruebade satisfacción, qe. como Argentino he tenido al ver la firmeza con qe. ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los Estranjeros qe. tratan de Umillarla.

4º-Proibo el que se me haga ningún género de Funeral, y desde el lugar en qe. falleciere se me conducirá directamente, al Cementerio sin ningún acompañamto, pero si desearía, el que mi Corazón fuese depositado en el de Buenos Ayres.

5º-Declaro no deber ni haver jamás debido nada , a nadie.

6º-Haun qe. es verdad qe. todos mis Anelos no han tenido otro objeto qe. el bien de mi Hija amada, debo confesar, que la honrada conducta de esta, y el constante cariño y esmero qe. siempre me ha manifestado, han recompensado con Usura, todos mis esmeros haciendo mi bejez feliz. Yo la ruego continúe con el mismo cuidado y contracción la educación de sus Hijas (a las qe. abrazo con todo mi Corazón) si es qe. a su vez quiere tener la misma feliz suerte qe. yo he tenido: igual encargo hago a su Esposo, cuyas honrrades, y hombría de bien no ha desmentido la opinión qe. havía formado de él, lo qe. me garantiza continuará haciendo la felicidad de mi Hija y Nietas.

7º-Todo otro testamento o Disposición anterior al Presente queda Nulo y sin ningún balor.

Hecho en París a Veynte y tres de Enero del año mil ochocientos quarenta y quatro, y escrito todo el de mi puñio y letra
                                                                    José de San Martín

Artículo Adiccional: Es mi boluntad el qe. el Estandarte que el Brabo Español Dn. Fran.co Pizarro tremoló en la Conquista del Perú sea debuelto a esta República (a pesar de ser una propiedad mía) siempre que sus Goviernos hallan realizado las Recompensas y honores con qe. me honró su primer Congreso.
                                                                    José de San Martín

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TESTAMENTO DE MANUEL BELGRANO

TESTAMENTO DE MANUEL BELGRANO


Un 3 de junio en el año 1770, en la ciudad de Buenos Aires, nace Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano. Hijo de una familia acaudalada, su padre era comerciante, estudia en Salamanca y en Valladolid, España. Fue secretario perpetuo del Real Consulado de Buenos Aires. Periodista, creador del "Correo de Comercio". Participa en la defensa contra las Invasiones Inglesas en 1806 y 1807. Fue secretario de la Primera Junta de gobierno, en 1810, y luego jefe de la expedición al Paraguay, en la cual fracasa. En 1812 crea la bandera argentina y la enarbola por primera vez. Suplantado por San Martín en el Ejercito del Norte, parte a Londres en misión diplomática, juntamente con Bernardino Rivadavia. Finalmente en 1816 vuelve a comandar el Ejercito del Norte. El 20 de junio de 1820 muere derrumbado por la sífilis y la hidropesía, pobre y abandonado por su patria. Solo un periódico de Buenos Aires, El Despertador Filantrópico, saco un artículo sobre la muerte del prócer, y muy escuetamente.
25 días antes de morir Belgrano dictó su testamento. Declaró que no teniendo ningún heredero forzoso, ascendiente ni descendiente, instituía como tal a su hermano el religioso don Domingo Estanislao Belgrano, a quien nombró patrono de las escuelas por él fundadas, legándole su retrato, con encargo secreto de que, pagadas todas sus deudas, aplicase todo el remanente de sus bienes a su hija natural llamada Manuela Mónica que con poco más de un año había dejado en Tucumán con su madre Dolores Helguero, y encargándole que hiciese de padre y le diera una buena educación. Belgrano le deja todo a su hermano porque legalmente y a los ojos mal pensados de aquella época no le podía dejar todo a una hija ilegítima.
A continuación se transcribe el texto del testamento de Manuel Belgrano actualizando su ortografía, este texto esta tomado de los Anales del Instituto Nacional Belgraniano, Nº 6.
Testamento
"En el nombre de Dios y con su santa gracia amén. Sea notorio como yo, Dn. Manuel Belgrano, natural de esta ciudad, brigadier de los ejércitos de las Provincias Unidas de Sud America, hijo legítimo de Dn. Domingo Belgrano y Peri, y Da. María Josefa González, difuntos: estando enfermo de la (enfermedad) que Dios Nuestro Señor se ha servido darme, pero por su infinita misericordia en mi sano juicio, temeroso de la infalible muerte a toda criatura e incertidumbre de su hora, para que no me asalte sin tener arregladas las cosas concernientes al descargo de mi conciencia y bien de mi alma, he dispuesto ordenar este mi testamento, creyendo ante todas las cosas como firmemente creo en el alto misterio de la Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espiritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, y en todos los demás misterios y sacramentos que tiene, cree y enseña nuestra Santa madre Iglesia Católica Apostóica Romana, bajo cuya verdadera fe y creencia he vivido y protesto vivir y morir como católico y fiel cristiano que soy, tomando por mi intercesora y abogada a la Serenísima Reina de los Angeles María Santísima, madre de Dios y Señora nuestra y devoción y demás de la corte celestial, bajo de cuya protección y divino auxilio otorgo mi testamento en la forma siguiente:
"1ª Primeramente encomiendo mi alma a Dios Nuestro Señor, que la crió de la nada, y el cuerpo mando a la tierra de que fue formado, y cuando su Divina majestad se digne llevar mi alma de la presente vida a la eterna, ordeno que dicho mi cuerpo, amortajado con el hábito de patriarca de Santo Domingo, sea sepultado en el panteón que mi casa tiene en dicho convento, dejando la forma del entierro, sufragios y demás funerales a disposición de mi albacea.
"2ª Item, ordeno se dé a las mandas forzosas y acostumbradas a dos reales con las que separo mis bienes.
"3ª Item, declaro: Que soy de estado soltero, y que no tengo ascendiente ni descendiente.
"4ª Item, declaro: Que debo a Dn. Manuel de Aguirre, vecino de esta ciudad, dieciocho onzas de oro sellado, y al Estado seiscientos pesos, que se compensarán en el ajuste de mi cuenta de sueldos, y de veinticuatro onzas que ordeno se cobre por mi albacea, y preste en el Paraguay al Dr. Dn. Vicente Anastasio de Echeverría, para la compra de una mulata - Cuarenta onzas de que me es deudor el brigadier Dn. Cornelio Saavedra, por una sillería que le presté cuando lo hicieron Director; dieciséis onzas que suplí para la Fiesta del Agrifoni en el Fuerte, y otras varias datas; tres mil pesos que me debe mi sobrino Dn. Julián Espinosa por varios suplementos que le he hecho.
"5ª Para guardar, cumplir y ejecutar este mi testamento, nombró por mi albacea a mi legítimo hermano el Dor. D. Domingo Estanislao Belgrano, dignidad de chantre de la Santa Iglesia Catedral, al cual respecto respecto a que no tengo heredero ninguno forzoso ascendiente ni descendiente, le instituyo y nombro de todas mis acciones y Dros. Presentes y futuros. Por el presente revoco y anulo todos los demás testamentos, codicilos, poderes para testar, memorias, u otra cualesquiera otra disposición testamentaria que antes de ésta haya hecho u otorgado por escrito de palabra, o en otra forma para que nada valga, ni haga fe en juicio, ni fuera de él excepto este testamento en que declaro ser en todo cumplida mi última voluntad en la vía y forma que más haya lugar en Dro. En cuyo testimonio lo otorgo así ante el infrascrito escribano público del número de esta ciudad de la Santísima Trinidad, puerto de Santa María de Buenos Aires, a veinticinco de mayo de mil ochocientos veinte. Y el otorgante a quien yo dho. Escribano doy fe conozco, y de hallarse al parecer en su sano y cabal juicio, según su concertado razonar, así lo otorgo y firmo, siendo testigos llamados y rogados don José Ramón Mila de la Roca, Dn. Juan Pablo Sáenz Valiente, y Dn. Manuel Díaz, vecinos. M, Belgrano (firma). Narciso de Iranzuaga (firma) Escribano Público."

Escribano doy fe conozco, y de hallarse al parecer en su sano y cabal juicio, según su concertado razonar, así lo otorgo y firmo, siendo testigos llamados y rogados don José Ramón Mila de la Roca, Dn. Juan Pablo Sáenz Valiente, y Dn. Manuel Díaz, vecinos. M, Belgrano (firma). Narciso de Iranzuaga (firma) Escribano Público."

26 de mayo de 1820




viernes, 17 de julio de 2015

EL DIA QUE ALFREDO PALACIOS PUDO SER EL VICEPRESIDENTE DE PERON

EL DIA QUE ALFREDO PALACIOS PUDO SER EL VICEPRESIDENTE DE PERON


Antes de proclamarse la fór­mula laborista, Juan Domin­go Perón y Alfredo L. Pala­cios se entrevistaron en una casona de una isla del Tigre.
Ya antes, después del 17 de octubre, Antonio López, dirigente sindical socia­lista devenido en peronista, tuvo con Pa­lacios una reunión preparatoria. López 41 años y Alfredo 67 años. El más joven había sido y era obrero. El más viejo abo­gado y docente universitario.
Y aunque el más joven había entrado al Partido Socialista cuando el más viejo ya había sido expulsado, tenían muchas co­sas en común.
Se vieron en la casa de un amigo de ambos, en el barrio porteño de Palermo.
-Doctor, se están definiendo cosas muy graves para la Nación -le dijo Antonio López cuando quedaron solos-, estos son tiempos históricos.
-De lo que aquí y ahora hagamos, y de lo que aquí y ahora dejemos de hacer, da­remos cuenta a la historia.
-No tengo dudas, López, de eso no tengo dudas.
-Usted sabe, hace meses que he dejado el Partido
-Doctor, los hombres que rodea­mos al coronel Perón queremos mantener y profundizar las con­quistas obreras por las que usted luchó como nadie.
Alfredo L. lo miró sin un solo gesto.
-¿Todos?
-¿Cómo?
- ¿Todos los hombres que rode­an al coronel Perón quieren man­tener y profundizar las conquistas obreras?
-Todos, aunque cada uno a su manera mintió
-Algunos, estimado compañero, de manera poco obrera.
-No puedo negárselo.
Alfredo L. también tomo un sorbo de café y le soltó, sin anes­tesia alguna: ¿Cuánto de fascismo hay entre ustedes? López sintió que le transpiraban las manos, quizá no era él la persona más adecuada para conseguir lo que había venido a buscar.
Hacia una semana le había dicho a Pe­rón que era necesario hablar con Pala­cios, el coronel se había mostrado de acuerdo y, a su manera calma, cuando se despidieron el coronel le dijo:
-López, Palacios es capaz de ponernos en el poder, él llega a quien nosotros no llegamos, tiene en su mochila al electorado que está en contra de nosotros. Sí, Palacios es capaz de ponemos en el poder.
Ya había abierto la puerta de la oficina cuando escuchó:
-Confío en usted, López, Jugará la rnitad de nuestras esperanzas.
Y allí estaba ahora, delante del socialis­ta más carismático y respetado, acaso el único dirigente socialista que podía entenderlos. Allí estaba, pidiéndole a Pala­cios que rompiese con el Partido Socia­lista.
Dr. Palacios, detrás del coronel Perón no se encolumna un partido tradicional, detrás de él están, desordenadas y confundidas, todas las corrientes nacionales, o. todos aquellos que entienden la causa nacional y que pronuncian la palabra patria sin vergüenza.
Que triunfe un pensamiento obrero depende de nosotros, no de él.
Se desconoce si hubo alguna otra reunión entre López y Palacios antes de la fi­nal, que, con la presencia del coronel Perón, se desarrolló en la casona del Tigre.     
Es lógico suponer que la hubo, pero en ese caso habrá sido como la aquí narrada, sin testigos, ya que Alfredo había pues­to como condición para cualquier encuentro que éste se mantuviese secreto.
No era para menos, en manos de sus ene­migos, aquello era un arma capaz de destruirlo.
La reunión entre Alfredo Palacios y Juan Perón fue breve. Perón por interine- ' dio de López lo había invitado a entrar al peronismo y, según parece, puso a su dis­posición la candidatura que él quisiera, es decir la formula Perón-Palacios.
El dueño de casa les dejó café y les pre­guntó si querían un licor, ninguno bebía. Cuando se estaba yendo, le dijo a Anto­nio López por lo bajo:
-¡Que dios proteja a nuestro país, está en manos de abstemios!
Antonio López sonrió y acercó las si­llas.
-Doctor Palacios, los que estamos con la causa nacional -dijo el coronel- debe­mos estar juntos. Después de décadas de entrega ahora estamos en condiciones de llevar adelante una política de emancipa­ción.
Perón se levantó y sirvió él mismo los cafés.
-Y éste es así doctor, porque ahora el movimiento obrero esta participando de la causa nacional. Por eso he querido ver­lo, porque usted es su mejor representan­te político.
Antonio López no dejaba de sorpren­derse con ese coronel, tan militar a veces, tan poco militar otras.
-Como ya le ha dicho, López, ponemos a su disposición cualquier candidatura. Hizo silencio. Esperó la respuesta.
-Coronel, yo no he venido en busca de candidaturas, vea usted la causa nacional requiere de tres columnas: independen­cia económica, justicia social y democra­cia. Sé que uds. tienen claras las primeras dos, coronel, si quiere que luchemos jun­tos lo que yo reclamo es democracia.
-Estamos de acuerdo.
-No estoy seguro, coronel, de que de­mocracia signifique lo mismo para usted que para mí.
Alfredo L. le extendió a Perón un pa­pel, era una lista de personas cuya par­ticipación en un futuro gobierno era incompatible con la democracia y la li­bertad, y por ende incompatible con él. Esa fue la única vez que Perón y Pa­lacios se vieron privadamente. La lista, aunque acertada y pru­dente, fue para el coronel del todo inaceptable.
El 24 de febrero de 1946, cuando se cerraron los comicios, los diarios informaron lo increíble: el Partido Laborista obtuvo 1.487.886 votos y la Unión Democrática 1.207.080.
El gran perde­dor de las elecciones fue el Partido Socialista, que, por primera vez desde 1912, no logró ni una sola banca. La clase obrera le había da do la espalda.
Alfredo L. Palacios murió a las seis y diez de la tarde del 20 de abril de 1965, siendo senador de la Nación. Sus restos fueron velados en el Congreso de la Nación y una muchedumbre acompañó al líder socialista.


Bibliografía: Sorín, Daniel "Palacios: un caballero socialis­ta. Buenos Aires", Sudamerica­na, 2004

Autor Gustavo Galland (*)
(*) Diputado Nacional (MC) y Dirigente Socialista p/afense. fs el actual Defensor Ciudadano de La Plata



Publicado en el Diario Hoy de La Plata el viernes 20 de abril de 2007

CONOZCAMOS LA VIDA DE MANUELA SAENZ LA LIBERTADORA DEL LIBERTADOR

CONOZCAMOS LA VIDA DE 

MANUELA SAENZ 

LA LIBERTADORA DEL LIBERTADOR





Esta gran mujer latinoamericana nació en Quito, el 27 de diciembre de 1797, como la hija natural de Simón Sáenz y María Joaquina de Aispuru. Su padre, era rico y estaba casado con otra mujer, su madre era de una familia acomodada aunque no de las altas esferas.

Cuando la niña tenía sólo seis años quedó huérfana de madre. Este hecho, fue moldeando su carácter y como además estuvo rodeada de sus dos hermanos, participantes asiduos en la revolución libertadora.

Así, siempre rebelde y con mucha fuerza Manuelita se convirtió pronto en un baluarte de la Revolución.

Mientras todas las jovencitas estaban siendo educadas para casarse, Manuela a los doce años de edad se pliega a las fuerzas revolucionaras emancipadoras que iniciaron la Revuelta en Quito, el 9 de agosto de 1809. Este proceso duró poco, no así las ideas rebeldes de manuela que la acompañaron toda su vida.

En 1814, a los 17 años fue enviada a un convento para que fuera educada como todas las señoritas en Quito. Pero la inquieta personalidad de la heroína no permitiría este reposo, y en poco tiempo se enamoró de Fausto D'Elhuyary, con quien huye del convento. Este amor fue bastante inestable y fueron bastante frugales ya que en 1818, ella contrajo matrimonio con el médico inglés James Thorne, hombre que le doblaba la edad, pero quien era muy adinerado. Él estaba realmente enamorado de la joven y le perdonó sus infidelidades y sus andanzas políticas.

Un año después la conflictiva pareja llegó a Lima, donde Manuelita inició frecuentes tertulias revolucionarias. Esa era su vida social. En julio 28 de 1821, Manuelita estuvo allí cuando se declaró la independencia del Perú y participó de lleno en todo el proceso. Fue debido a sus servicios patriotas y a su valor que se le nombró Caballero de la Orden del Sol.

En 1822, Manuela viajó a Ecuador con su padre, dejando a su marido en Quito. El 24 de de mayo, día del triunfo de Pichincha. Manuela tuvo la oportunidad de entablar amistad con el general Sucre. También conoció al General Juan José Flores y a quien sería llamado Libertador, Simón Bolívar. A partir de ese instante la joven de 25 sería la fiel compañera y amante del gran héroe Bolívar.


Al año siguiente, se traslada con Bolívar al Perú y se convierte en uno de sus secretarios más allegados. En los años que siguieron, Manuela se cuenta dentro del ejército que lucha por la libertad. En esta época escandalizaba a todos, cuando utilizaba uniforme de soldado para ir a las campañas. Pasaba algunos lapsos en la residencia LA Magdalena, hogar prohibido de la pareja, donde guardaba que los papeles de su amado Simón estuvieran en orden.

Cuando el libertador se encontraba al sur del Perú y en lo que hoy es Bolivia, el marido de Manuela intentó un acercamiento con su mujer. Ella muy airada, le envió una carta que todavía se conserva donde explica por qué la relación es imposible y en la cual da fin a su matrimonio.

Gracias a que Manuelita era no sólo muy activa y realmente creyente de la causa, sino también recelosa, valiente, curiosa y mujer de armas tomar pudo salvarle la vida a su amante en dos ocasiones durante el año de 1828, a raíz de lo cual se le conoce como Libertadora del Libertador.

En 1829, el Libertador viajó a Ecuador y ella se quedó en Perú. En Bogotá se encontraron de nuevo, corría el año de 1830. El 8 de mayo, Bolívar se despidió de ella para viajar a la costa atlántica donde murió. Tanto le impactó la noticia de la muerte de su amado, que Manuelita intentó suicidarse ese año.

A pesar de lo inestable de la situación política y de que ya no contaba con la presencia de querido Simón, Manuelita se recuperó y siguió actuando como revolucionaria, por lo que cuando el general Francisco de Paula Santander (1792-1840) fue electo Presidente, la expulsó de la Nueva Granada. Exiliada huyó a Jamaica donde Maxwell Hyslop la acogió, pues él era colaborador del ya desaparecido libertador. Al año siguiente regresó a Ecuador, pues creyó que podría confiar en Juan José Flores, pero en el 18 de octubre de 1835 fue expulsada por el gobierno de Vicente Roca-fuerte.

Exiliada de su propia patria, Manuelita se instaló en el puerto Paita de Perú donde vivió los siguientes 21 años en medio de duras condiciones económicas y confiando en Flores a quien le escribió durante todo su exilio. Aunque su marido intentó una nueva reconciliación y le ofreció dinero y aunque en 1837 se permitió su regreso a Ecuador, ella se mantuvo en su pobre exilio. Nunca pudo recuperar su bienes ni la dote que al morir Thorne le devolvía en su testamento.

El 23 de noviembre de 1856 en el puerto peruano, Manuela Sáenz murió de difteria sin haber regresado a su tierra y en una situación ecónómica bastante difícil.