PRIMER AUTO CONSTRUIDO EN ARGENTINA
Si
bien se sabe que hubo muchos intentos individuales de armar autos en Argentina
entre fines del siglo XIX y principios del XX, el primer caso documentado
corresponde al ingenioso mecánico español Celestino Salgado.
En
1901, Don Celestino armó en un taller de Buenos Aires un vehículo para cuatro
pasajeros dotado de un motor a vapor de 6 HP con una autonomía de 12 horas a
marcha regular. En su construcción, que demandó tres meses, fueron empleados
componentes de origen europeo y nacional. El automóvil encargado especialmente
por Enrique Anchorena, recibió una amplia cobertura en los medios de prensa
locales que incluían fotos y datos técnicos, donde se destacaron tanto el
esfuerzo del constructor como las cualidades del vehículo. La popular revista
"Caras y Caretas" publicó que era "elegante de forma, pintado de
rojo y tapizado de marroquín color lacre". En noviembre de ese mismo año
participó de la primera carrera de automovilismo de Argentina realizada en el
Hipódromo Argentino.
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| FUENTE: http://www.autohistoria.com.ar/Historias/Salgado.htm |
ESTE ES EL BLOG DEL DR. RODOLFO E. PARBST He creado este blog para que juntos conozcamos un poco más de Historia, por lo cual te invito a participar del mismo.- Toda la historia. La verdadera historia.
viernes, 24 de abril de 2015
PRIMER AUTO CONSTRUIDO EN ARGENTINA
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LOS GAUCHOS, FORJADORES DE LA PRIMERA INDEPENDENCIA
LOS GAUCHOS, FORJADORES DE LA PRIMERA INDEPENDENCIA
El gaucho desde un principio tuvo el más alto
concepto de patria y de libertad. En las Invasiones Inglesas luchó y humilló al
orgullo anglosajón. En la Guerra de la Independencia fue implacable contra el
español imperial al que llamó “godo” y “matucho” o “maturrango” (flojo, mal
jinete). Gauchos fueron los Granaderos a Caballo, los Infernales de Güemes, los
que contra los portugueses rompieron los cuadros de Ituzaingó. Luego combatió
como insurgente, como “capiango” de las “montoneras” del riojano Juan Facundo
Quiroga (1793-1835), del mendocino José Félix Aldao (1785-1845), del
santafesino Estanislao López (1786-1838), del santiagueño Juan Felipe Ibarra
(1787-1851), del cordobés Juan Bautista Bustos (1799-1830), del tucumano
Alejandro Heredia (1783-1838), del bonaerense Manuel Dorrego (1787-1828), del
entrerriano Ricardo López Jordán (1822-1889), del riojano Angel Vicente “El
Chacho” Peñaloza (1798-1863), del catamarqueño Felipe Varela (1821-1870) que
sintetizó en su grito el objetivo de la lucha contra los “dotores” de Buenos
Aires: ¡Viva la Unión Americana! ¡Abajo
los negreros traidores a la patria! (22) Tampoco debemos olvidar a los
hermanos gauchos de la Banda Oriental que siguieron a los caudillos José
Gervasio Artigas (1764-1850), Manuel Oribe (1796-1857), Timoteo Aparicio
(1814-1882) y Aparicio Saravia (1855-1904). Ni a los hermanos “huasos” de Chile
que integraron los húsares del guerrillero mártir Manuel Rodríguez (1786-1818).
En el combate de San Lorenzo (3 de febrero de 1813),
un realista intentó atravesar a San Martín con su bayoneta, pero fue derribado
oportunamente por un gaucho, Baigorria, oriundo de San Luis. Y otro gaucho, el
correntino Juan Bautista Cabral, salvo la vida del numen, pero esta vez, a cambio
de la suya. La historia inmortalizó el nombre del Sargento Cabral. El gaucho
murió ignorado en la acción. El Libertador San Martín empleó el término
“gaucho” en dos comunicados para referirse a valientes fuerzas patriotas. La
élite porteña, sin embargo, lo suplantó por la expresión “patriotas campesinos”
cuando los mensajes se publicaron en la Gaceta
ministerial oficial (Cfr. Pérez
Amuchástegui, A. J., Mentalidades
Argentinas, Eudeba, Bs. As. 1970; Rojas, Ricardo, El Santo de la Espada, Losada, Bs. As. 1950, pág. 165).
Recordemos que durante las operaciones militares en
torno a la plaza fuerte de Orán, en Argelia (junio de 1791), integrando el
segundo batallón del Regimiento de Murcia, contando con apenas trece años hizo
su bautismo de fuego el cadete granadero José de San Martín y Matorras
(1778-1850), el futuro Libertador de indios, gauchos y negros de la América
del Sur. El grandioso espectáculo de la valiente y enconada resistencia de los
musulmanes, luchando por su independencia contra los invasores hispánicos, lo
impresionó vivamente y, sin duda, orientó sus pensamientos e hizo nacer la
llama de la rebeldía y los anhelos de emancipación para su pueblo lejano, que
marcarían definitivamente su destino (ver Juan M. Zapatero, San Martín en Orán, Círculo Militar, Bs.
As., 1980).
La nueva Argentina blanca, europea y burguesa,
surgida del triunfo unitario de Caseros, lejos de reconocer la decisiva
aportación del gaucho en la lucha por la independencia, lo condenó sin
apelación, y Sarmiento, como hemos visto, y muchos otros, proclamaron su
ostensible intención de hacer cuanto estuviera a su alcance “para borrarlo de
la faz de la tierra”. La figura emblemática del gaucho montonero o rebelde,
alzado contra una sociedad injusta en la que no tenía cabida, surge hacia 1872
cuando a través de la Biblia Gaucha, el Martín
Fierro, el poeta José Hernández (1834-1886) intentó hacer justicia,
describiendo con trazos magistrales y sombríos la magnitud de su tragedia, ya
había desaparecido. Su sucesor, el peón, el nuevo proletario agrario, era
apenas su triste reflejo, un juguete indefenso en manos del patrón y del
sistema. Del mismo modo, su bandera esplendorosa azul y blanca había sido
reemplazada por la celeste y blanca, que nada tenía que ver con la insignia que
el general Manuel Belgrano (1 770-1820) enarboló por primera vez el 27 de
febrero de 1812, a orillas del Paraná.
Madaline Wallis Nichols, la prestigiosa escritora
norteamericana lo ha dicho muy bien: El
gaucho real ha desaparecido hace tiempo, pero el gaucho sublimado y los ideales
que él encarna viven aún. Está bien vivo en la moderna literatura del Plata, en
la música, en el arte (M.W. Nichols: El
Gaucho, Ed. Peuser, Bs.As. 1953).
Gaucho es hoy sinónimo de generoso, servicial,
hospitalario, noble. En nuestra habla corriente no pedimos ahora un favor
desinteresado, sino una gauchada, término intraducible a otro idioma y de
significado enaltecedor.
A pesar de todo, nos queda un gran interrogante. Es
el que nos plantea ese arabista argentino llamado Ciro Torres Lopez:
Tal fue la
historia del gaucho, exactamente idéntica a la del beduino. Tuvo todos sus
valores en la hora prima, cuando el padre español que le traía, se unió con la
madre india y lo creó. Cumplió su visión heroica hasta concluidas las guerras
de la Independencia, en las cuales brilló incomparable como patriota, como
libertador y civilizador... Entonces afluyeron de toda la rosa de los vientos
las hordas rubias del mundo, y desde as costas oceánicas, esa pleamar
incontenible de sangres extrañas, avanzó y aplastó lo que había del gaucho, de
la tierra y de la estirpe; lo excedió, lo tapó, lo deformó, rellenó y niveló.
Encima quedó la avalancha de la horda y su resaca; abajo el gaucho, la estirpe,
la fricción centenaria del hombre con el suelo, que es decir la metamorfosis
misma de la Nacionalidad; y más abajo, la tierra y la raíz del connubio de su
esencia geohumana, que es el genio diferenciado y profundo de un pueblo... Para
enfrentarnos ase semejantes problemas, para movilizar los ancestros más vigorosos
y las poderosas fuerzas morales más constructivas de nuestro ser como pueblo,
es que me he lanzado a las lejanías de la historia y del mundo para traer el
espejo mágico de nuestro abuelo árabe en nuestra fisonomía integral y columbrar
lo que hemos sido, lo que somos y lo que podemos ser. Tamaño esfuerzo, mensaje
tan alto, ¿será comprendido por las generaciones del presente y del mañana?;
¿encenderá sus corazones, movilizará sus almas, agilizará sus manos, agrandará
sus pechos, iluminará sus ojos y les impulsará a la realización de un gran
destino, a tono con nuestro padre español y con nuestro abuelo árabe, que
enseñorearon el mundo para adelantarlo, enriquecerlo, dignificarlo,
culturizarlo, universalizarlo y embellecerlo? ¿O esas generaciones están de tal
manera dormidas y yertas, inmersas en un imundo tan pueril, con las almas de
tal modo entregadas a la irresponsabilidad y a la molicie, que ya no tienen
oídos para escuchar ni a la historia, ni a la sangre, ni a la tierra de los
padres, que es la Patria? (C. Torres
López, El Abuelo Arabe, Ed. del
autor, Cap. VIII: El Gaucho y el Beduino
en identidad trascendente, págs. 307-312, Rosario, W55).
Nos advertía el Líder de los Trabajadores
Argentinos:
Pienso yo
que el año 2000 nos va a sorprender o unidos o dominados; pienso también que es
de gente inteligente no esperar que el año 2000 llegue a nosotros, sino
hacer un poquito de esfuerzo para llegar un poco antes del año 2000, y llegar un poco en mejores condiciones que
aquella que nos podrá deparar el destino mientras nosotros seamos yunque que
aguantamos los golpes y no seamos alguna vez martillo; que también demos algún
golpe por nuestra cuenta (Juan Perón, La
Hora de los Pueblos, Colección Línea Nacional, Bs.As., 1982, pág. 87).
Esa Segunda Independencia sólo sucederá si Dios
quiere, pues “ciertamente Dios no cambia
la situación de un pueblo, si antes ese pueblo no se cambia a sí mismo” (El
Sagrado Corán: Surah 13 “El Trueno”, Aleya 11).
Y dejo
rodar la bola
que algún
día se ha de parar;
tiene el
gaucho que aguantar
hasta que
lo trague el hoyo,
o hasta que
venga algún criollo
En esta
tierra a mandar.
Más naides
se crea ofendido
pues a
ninguno incomodo;
y si canto
de este modo
por
encontrarlo oportuno,
NO ES PARA MAL DE
NINGUNO
SINO PARA
BIEN DE TODOS.
Del Martín
Fierro
La imagen es de http://www.carlosfelice.com.ar
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miércoles, 22 de abril de 2015
La vida en el Buenos Aires virreinal
La vida en el Buenos Aires virreinal |
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"En las calles de Buenos Aires no se ven, en las horas de la siesta
más que médicos y perros". Así describía a la Gran Aldea un viajero
francés. Y es que el pasatiempo preferido de los porteños era dormir la
siesta. Tampoco había mucho que hacer. Las actividades principales eran la
ganadería y el comercio, que se manejaban con poca mano de obra y una visita
cada tanto a los lugares de producción y servicio. Ir de shopping llevaba
muy poco tiempo. Bastaba atravesar la Plaza de la Victoria (actual plaza de
Mayo) y recorrer la Recova donde estaban los puestos de los
"bandoleros", como se llamaba entonces a los merceros frente a una
doble fila de negocios de ropa y novedades.
Las diversiones
Convocaban por igual a ricos y pobres las corridas de toros. En 1791 el virrey Arredondo inauguró la pequeña plaza de toros de Monserrat (ubicada en la actual manzana de 9 de julio y Belgrano) con una capacidad para unas dos mil personas. Pero fue quedando chica, así que fue demolida y se construyó una nueva plaza para 10.000 personas en el Retiro en la que alguna vez supo torear don Juan Lavalle.
El pato, las riñas de gallo, las cinchadas y las carreras de caballo eran
las diversiones de los suburbios orilleros a las que de tanto en tanto
concurrían los habitantes del centro. Allí podían escucharse los
"cielitos", que eran verdaderos alegatos cantados sobre la
situación política y social de la época.
Las damas también gustaban de las corridas de toros pero preferían el
teatro, la Opera y las veladas, que eran reuniones literarias y musicales
realizadas en las casas. Eran la ocasión ideal para conseguir novio.
Los negros
Apenas siete años después de la segunda fundación de Buenos Aires, en 1587, se produjo el primer desembarque de africanos esclavos en Buenos Aires. Las travesías del Atlántico eran terribles. Viajaban amontonados sin las más mínimas condiciones sanitarias, mal alimentados y sometidos a la brutalidad de los traficantes.
Buenos Aires era una especie de centro distribuidor de esclavos. Desde
aquí se los vendía y se los llevaba a los distintos puntos del virreinato. En
Buenos Aires a los esclavos negros se los ocupaba sobre todo en las tareas
domesticas como sirvientes en las casas de las familias más adineradas.
A pesar de la esclavitud, los negros de Buenos Aires y Montevideo no
perdieron sus ganas de vivir e hicieron oír sus candombes y milongas y
aportaron palabras a nuestro vocabulario como mucama, mandinga (el diablo) y
tango.
El teatro
Una vez a la semana "la parte más sana del vecindario", como definía el Cabildo a sus miembros, es decir, los propietarios porteños, concurría al teatro para asistir a paquetas veladas de ópera y a disfrutar de las obras de teatro de Lavardén. Desde que la inaugurara el Virrey Vértiz en 1783, la Casa de Comedias, conocida como el Teatro de la Ranchería, se transformó en el centro de la actividad lírica y teatral de Buenos Aires hasta su incendio en 1792. En 1810 pudo reabrirse el Coliseo Provisional de Comedias dando un nuevo impulso al arte dramático.
El primer periódico de la colonia y la primera censura a la prensa
Durante el virreinato de Joaquín del Pino comienza a publicarse en Buenos Aires El Telégrafo Mercantil, el primer periódico de nuestra historia. El numero 1 apareció el primero de abril de 1801. Pero como el periódico decía cosas que molestaron al poder, fue clausurado por orden del virrey en octubre de 1802.
Las comunicaciones
Muy lejos del teléfono y la internet, los habitantes del virreinato se comunicaban por carta. Pero, ¿cuánto tardaba en llegar una carta a destino? Dependiendo lógicamente de las distancias, desde una semana a seis meses.
Las cartas eran llevadas a caballo a través de las postas, donde
descansaban los mensajeros y cambiaban de caballo. Desde Buenos Aires tres
veces por año salía un hombre a caballo hacia Chile, otro hacia el Perú y
otro al Paraguay. Así que... había que armarse de paciencia. Con el tiempo
aparecieron las galeras tiradas por varios caballos que transportaban pasajeros
y correspondencia, acelerando los tiempos de llegada de las cartas.
En 1747 se creó el correo, pero recién con la apertura del puerto se
regularizo la correspondencia con España.
El Consulado
Durante el virreinato de Arredondo se creó el Consulado en 1794, un organismo destinado a organizar la vida económica de la Colonia. Controlaba a los comerciantes para que no aumentaran injustificadamente sus precios y para que no engañaran a sus clientes con los pesos y medidas de sus mercaderías.
El primer secretario fue un joven criollo que había estudiado en Europa
las más modernas teorías económicas, Manuel Belgrano, quien en los informes
anuales del consulado aconsejara a las autoridades fomentar la industria y
las artes productivas.
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Fuente: www.elhistoriador.com.ar
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SILOGISMO DE CHUQUISACA, ANTECEDENTE FUNDAMENTAL DE LA REVOLUCION DE MAYO
SILOGISMO DE CHUQUISACA
ANTECEDENTE FUNDAMENTAL DE LA REVOLUCION DE MAYO
A Bernardo de Monteagudo no se le da la verdadera
importancia que tuvo en la independencia Americana. A los 18 años da a conocer
este importante antecedente de la revolución de mayo. Fue uno de los
principales ideólogos de San Martín. Luego de Bolivar.
El silogismo de Chuquisaca, silogismo de Charcas o
silogismo alto peruano fue una proclamación realizada por Bernardo de
Monteagudo en la Ciudad boliviana de Chuquisaca, cuando
ésta formaba parte de los dominios del Alto Perú del Virreinato del Río de
la Plata. Tras conocerse el 23 de septiembre de 1808 la destitución del rey
español Fernando VII por el imperio napoleónico, comenzó un debate en
la universidad y los círculos intelectuales sobre la legitimidad del gobierno
virreinal. Fue en este contexto que Monteagudo realizó la proclama:
¿Debe seguirse la
suerte de España o resistir en América? Las Indias son un dominio personal del
rey de España; el rey está impedido de reinar; luego las Indias deben
gobernarse a sí mismas.
Dicha proclamación encendió los
ánimos revolucionarios en Chuquisaca y La Paz, llevando a la Revolución
de Chuquisaca y la formación de la Junta Tuitiva en La Paz. Dichos
movimientos independentistas fueron detenidos por el virrey Baltasar
Hidalgo de Cisneros y sus autores fueron sentenciados a muerte; pero
dichas ejecuciones precipitaron a su vez la Revolución de Mayo en la
ciudad de Buenos Aires.
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domingo, 19 de abril de 2015
ANDRÉS ARGUIBEL Espía de la Revolución
ANDRÉS ARGUIBEL Espía de la Revolución
Héroe de la Independencia
Poco
hemos oído hablar de Arguibel. Pero fue un hombre fundamental para afianzar la
independencia nacional.
Solo
una corta calle en las cañitas lo recuerda.
Andrés
Arguibel y López Cossio fue el principal agente de
las Provincias Unidas del Río de la Plata en España en las
primeras dos décadas del movimiento emancipador y tuvo un papel fundamental tanto
en suministrar a los patriotas información de carácter reservado sobre los
planes y medidas de la monarquía, como en boicotear los proyectos destinados a
la reconquista de Buenos Aires.
Arguibel
nació en Buenos Aires el 30 de noviembre de 1773, único hijo varón de
Felipe Filiberto de Arguibel,1 natural de Saint Jean de
Luz, Labourd, Francia, y Andrea María López Cossio, natural de Buenos
Aires.
Su
padre era un importante comerciante de ultramar con buques en consignación,
como la fragata Nuestra Señora del Buen Suceso. De orientación
liberal, había sido miembro del partido contrario a
los jesuitas ligado primero a Gaspar de Munive, Marqués de
Valdelirios, en los sucesos que desembocarían en la Guerra
Guaranítica y luego al Gobernador Francisco de Paula Bucarelli y
Ursúa quien sería el encargado de la expulsión de la Orden. Mantenía
vínculos comerciales con Juan Antonio de Lezica y familiares con importantes
familias de Buenos Aires, incluyendo la de los Ezcurra. En efecto, su hija
Teodora Josefa, hermana mayor de Andrés, casó con Juan Ignacio de Ezcurra
Ayerra. Una de sus hijas, María de la Encarnación de Ezcurra y Arguibel,
casaría a su vez con Juan Manuel de Rosas.
Como
era habitual en muchas familias ligadas al comercio de la metrópolis Andrés
Arguibel debió dejar su hogar cercano al Fuerte para ser enviado a Cádiz con
sólo 9 años a los efectos de recibir la educación básica y aprender
oportunamente el comercio con América. Viajó junto con el joven hermano de Juan
Antonio de Lezica, Tomás Antonio Lezica. Arguibel casó con una gaditana y para
1810 se había ya convertido en un exitoso comerciante de esa ciudad.
De
ideas liberales, producida la revolución en Buenos Aires intentó volver a su
tierra sin poder lograrlo, por lo que canalizó sus esfuerzos en Cádiz. Junto
con otros americanos radicados en Andalucía, especialmente Tomás Antonio de
Lezica (quien había retornado de su paso por Buenos Aires) y Juan de Lagosta,
se comprometieron firmemente en la defensa del movimiento.
En
la ciudad actuaban numerosas sociedades secretas, algunas netamente masónicas y
otras muchas políticas de forma masónica: algunas de afrancesados, la mayor
parte de liberales nacionales y unas pocas de americanos. Una de las
principales era la Logia Integridad N° 7, adscripta al Gran Oriente de Sevilla,
de la que fue maestro el general Francisco María Solano, marqués del Socorro,
capitán general de Andalucía y gobernador civil y militar de Cádiz, superior
del general José de San Martín.
Otra
que reunió a numerosos americanos fue la Logia Caballeros Racionales N° 3
dirigida por Carlos María de Alvear hasta 1811, cuando lo reemplazó el
sacerdoteRamón Eduardo de Anchoris. Eran también miembros entre otros José
Matías Zapiola, Francisco de Gurruchaga, el general peruano José Rivadeneira y
Tejadaque "habían tenido relación con la anteriormente citada de la
"Gran Reunión Americana", y, a su vez, estaban en estrecho contacto
con diversos "hermanos" bonaerenses, tales como Pueyrredón, Lezica y
Rodríguez Peña".5 Más allá de algunas fórmulas masónicas, la sociedad era
puramente operativa.
Agente
de la revolución
Andrés
Arguibel no era ajeno a esa actividad. Al llegar a Buenos Aires, Alvear, San
Martín y Zapiola pusieron en contacto al gobierno con Arguibel, mientras que el
regreso de su compañero Lezica facilitó la tarea.
El
5 de agosto de 1812 una nota de José Julián Pérez, miembro del Segundo
Triunvirato le confiaba que "Ha llegado a entender este Gobierno con harto
dolor" que el oficial Juan Bautista Azopardo, comandante de la primera
escuadrilla de la revolución y derrotado en el Combate de San Nicolás del 2 de
marzo de 1811 por Jacinto de Romarate había sido encarcelado en Cádiz, y le
solicitaba a Arguibel que lo auxiliara en lo que estuviera a su alcance.
Cádiz
era el punto de concentración de las fuerzas destinadas a América, lo que
permitía a Arguibel tomar contacto con los oficiales españoles europeos
liberales para influenciarlos o sobornarlos de manera de fomentar el
descontento e impulsarlos a oponerse a las expediciones y por otro con los
americanos, con el objeto de promover la causa y facilitarles el pase a
América, como sucedería con el futuro general Tomás de Iriarte:
Una mañana mi
asistente me anunció un señor que deseaba hablarme: entró y se dio a conocer:
don Andrés Arguibel. Me dijo que eramos parientes y me ofreció su casa. Yo la
frecuenté mucho, porque muy pronto me di a conocer con argumentos
descubriéndole mis miras de servir bajo las banderas de mis paisanos, y este
desahogo que tuve luego que supe que era patriota hizo que nos tratásemos con
confianza. Arguibel tenía una hija, Dolores, de edad de 18 años. No era linda,
pero si muy graciosa, dotada del garbo gaditano y, sobre todo, de una educación
la mas cuidada. Había sido educada desde la edad de nueve años en un colegio de
Inglaterra de donde estaba recién llegada. Joven llena de habilidades y tanto
que ayudaba mucho al padre en su correspondencia mercantil. Sumamente amable,
su trato me encantaba. Casó después con un condiscípulo del colegio de Segovia
y tuvo una muerte prematura de resultas de su segundo parto. Iriarte, Tomás de,
Memorias del General Iriarte, Compañía General Fabril Editora, 1962, Capítulo
VIII, página 140.
Ligado
a las sociedades secretas de Cádiz, Arguibel accedía a información política y
militar de primer nivel, lo que le permitía mantener al gobierno de Buenos
Aires al tanto de los acontecimientos hasta el punto que los realistas se
asombraban de que en Buenos Aires o en Montevideo se conocieran con
anticipación y clara certeza los sucesos de la península. En Buenos Aires los
informes secretos llegados desde Cádiz o Gibraltar solían filtrarse al
conocimiento general e incluso por razones de difusión (y de propaganda) se
publicaban en ocasiones algunas noticias procurando no dar indicios de los
autores.
La
corona española realizó varios intentos expedicionarios para intentar recuperar
sus colonias, especialmente el Río de la Plata. Pero también desde el primer
momento los patriotas tomaron medidas para obstaculizar el proyecto, apoyándose
en buena medida en la acción de las logias militares.
El
Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón promovió tales acciones instruyendo
en tal sentido a Arguibel y a Lezica y garantizando la rendición de los
adelantos que hubieran sido precisos para subvertir el ejército:
"Emprendí por
fin la obra de insurreccionar el mismo ejército que debia obrar nuestra ruina.
D.Ambrosio Lezica, negociante de esta ciudad, fue encargado de dirigirse à su
hermano D. Tomás, establecido en Cádiz, para iniciar sus relaciones con los gefes
de aquel ejército...Los señores D. Tomás Lezica y D.Andrés Arguibel, naturales
de Buenos Aires y establecidos con crédito en la plaza de Cádiz, fueron los
agentes que llevaron á su término aquella riesgosa empresa. Fueron facultados
para invertir las sumas de dinero que fuesen necesarias y autorizados para
empeñar la responsabilidad del gobierno á todo lo que obrasen conducente al
intento. La eficacia y destreza con que se manejaron apareció en el resultado.
El ejército de la Isla de León se insurreccionó, la terrible espedicion que nos
amenazaba se convirtió en daño del mismo que la formó y la República Argentina
se vio por este medio libre y triunfante de sus enemigos. ¡Honor eterno a los
nombres de Lezica y Arguibel entre los amigos de la libertad!"Juan Martín de
Pueyrredón, Refutación a una atroz calumnia hecha con demasiada ligereza a un
general de la República Argentina por Mr. Alejandro H. Everett, ministro
plenipotenciario de los Estados Unidos de Norteamérica en la Corte de España.
"Los agentes
ocultos de las provincias americanas derramaban el oro para acrecer la
repugnancia y el descontento de los militares, y el comercio gaditano y
malagueño prodigaba también sus caudales para impulsar el cambio que
deseaban." Adolfo
de Castro, Historia de la ciudad y provincia de Cádiz desde 1814 hasta el día,
Cádiz, 1859, página 30.
El
24 de junio Arguibel envió desde Gibraltar un informe destinado al Director
Rondeau por intermedio de Ambrosio de Lezica donde aseguraba que la gran
expedición de reconquista finalmente no se realizaría, que el ejército
marcharía pronto sobre la Corte y que una de las primeras providencias del
nuevo gobierno que se instalase sería suspender las hostilidades con los
americanos pues así se había pactado de antemano. Aludía en ese sentido a
cartas anteriores dirigidas a Pueyrredón y se aconsejaba exigir al futuro
gobierno constitucional español el reconocimiento de la independencia como
artículo preliminar a cualquier negociación.
Rondeau
envió a través de Pablo Vázquez copia de la carta de Arguibel a Carlos María de
Alvear, radicado entonces en Montevideo. La noticia de que "un agente del
gobierno porteño en Gibraltar" informaba que la Expedición Grande
finalmente no se realizaría se filtró hasta el espía español Juan Bautista de
Arechaga quien consiguió obtener copia de la carta, que aparecía firmada con
una "A". Tras nuevas averiguaciones pudo identificar al remitente,
Andrés Arguibel.
Pronto
Arechaga estuvo en condiciones de denunciar al conde de Casa Flórez, encargado
de negocios español en la corte portuguesa, que
"Arguibel era un revolucionario exaltadísimo y de gran talento y se
hallaba empeñado en fomentar partido contra el rey y servir a los
independientes, que había facilitado la fuga a Buenos Aires de Tomás Lezica y
de un tal Salvadores y era íntimo amigo de un rico judío llamado Judah Benolier
quien con el angloamericano MacCall servía al gobierno de Buenos Aires para
distribuir la correspondencia destinada a Cádiz y Madrid."
No
obstante los efectos del descubrimiento del nido de espías americano
resultarían.
Arguibel
debió tornar sin embargo definitivo su exilio en Gibraltar, con lo que terminó
de perder su fortuna ya entonces muy disminuida por gestiones no siempre
basadas en los fondos enviados desde Buenos Aires no obstante lo cual continuó su labor.
Andrés
Arguibel pudo volver a su ciudad natal en 1825. Murió pobre en Buenos Aires
dejando a sus nietos, hijos de su finada hija única Dolores, en la orfandad.
Bibliografía[editar]
• Carranza, Ángel Justiniano, Campañas Navales de la
República Argentina, Volumen IV (Notas Complementarias a Tomos 3 y 4, 2°
Edición, Secretaria de Estado de Marina, Buenos Aires, 1962
• Cutolo, Vicente Osvaldo, Nuevo diccionario
biográfico argentino, Editorial Elche, 1968.
• Alcalá Galiano, Antonio María, Apuntes para servir
a la historia del origen y alzamiento del ejército destinado a Ultramar en 1 de
enero de 1820
• De Castro, Adolfo, Historia de la ciudad y
provincia de Cádiz desde 1814 hasta el día, Cádiz, 1859
• Pueyrredón, Juan Martín de, Refutacion a una atroz
calumnia hecha con demasiada ligereza a un general de la Republica Argentina
por Mr. Alejandro H. Everett, ministro plenipotenciario de los Estados Unidos
de Norteamérica en la Corte de España.
• Iriarte, Tomás de, Memorias del General Iriarte,
Compañía General Fabril Editora, 1962
• Varela, Florencio, Escritos políticos, económicos
y literarios, Impr. del Orden, 1859
• Roberts, Carlos, Las invasiones inglesas del Río de la
Plata(1806-1807) y la influencia inglesa en la independencia y organización de
las provincias del Río de la plata, Peuser, 1938.
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sábado, 18 de abril de 2015
PESOS LEY 18.188
PESOS LEY 18.188
Interesante
artículo publicado en la ya desaparecida Revista Siete Días Ilustrados en el
año 1970 para ilustrar como se vivió el primer cambio de moneda en la
Argentina. Después nos fuimos acostumbrando, lamentablemente.
Ni
la precaria publicidad (lanzada hace tan sólo 15 días), que trata de revelar
los alcances de la ley (18.188) que reforma los valores monetarios argentinos,
pudo evitar el desconcierto generado en todo el país a partir de esta semana.
La invasión de monedas nuevas y la coexistencia de pesos viejos, pesos
resellados y pesos nuevos, obliga a todo el mundo a enzarzarse en un complicado
rompecabezas y a reacondicionar casi todos los rubros de la economía.
Amas
de casa, comerciantes y grandes financistas, además de someterse a un ejercicio
que parecía olvidado en los cuadernos de la escuela primaria (la reducción
decimal), no cejan ahora de bucear en la escasa literatura explicativa que
intenta descifrar los entuertos que florecen con la nueva medida monetaria.
Poco se sabe en realidad, salvo que la tenencia de un departamento, un
automóvil, un yate y joyas ya no darán a nadie patente de millonario.
La
idea de quitarle dos ceros a las sumas que habitualmente recalaban en los
bolsillos de los argentinos pertenece al ex ministro de Economía Adalbert
Krieger Vasena. Pergeñada a mediados de abril del año pasado, tenía un objetivo
asegurar la estabilidad del peso lograda entonces. Después de los sucesos de
Córdoba y Rosario (mayo y junio de 1969) insistentes rumores señalaban el
naufragio de la política económica del entonces ministro Krieger y, por ende,
ya se anunciaban las exequias del proyecto. El advenimiento del ministro José
María Dagnino Pastore no modificó sin embargo el panorama. Y la Casa de Moneda
(una veterana institución fundada en 1881) se abocó a la tarea de procrear los
nuevos valores. Seis largos meses de trabajo consumaron la aparición de los
nuevos billetes, que costaron al gobierno una suma aproximada a los 100
millones de pesos (de los viejos).
Para
confeccionar los nuevos valores (de un peso, 5, 10. 50, 100, 500 y 1.000) se
adquirió en Francia y en Inglaterra papel de fibra de lino. Son todos de igual
tamaño y algunos tienen detalles pintorescos: los de 100, por ejemplo, llevan
la firma de uno de los artistas que intervinieron en su confección: el griego
Gianis Stines. Las monedas (de 1, 5, 10, 20 y 50 centavos) son a su vez de
aluminio y magnesio.
EL
PRECIO DE LA NOVEDAD
Para
los comerciantes la novedad monetaria es sinónimo de gastos. A veces, como en
el caso de los supermercados, la inversión que debieron hacer es importante.
"El Solo hecho de remarcar los precios de los productos -afirmó Horacio
Luna, 37, gerente de APSA. agencia publicitaria que tiene a su cargo las
campañas de Gigante- nos significó una erogación de 5 millones de pesos. Pero
el gasto mayor sobrevino en el cambio de fichaje de las cajas registradoras,
unos 10 millones de pesos; y eso no es todo: nuestras campañas publicitarias se
van a ver afectadas porque una disposición exige que se exhiban los precios con
sus dos valores. Eso nos va a quitar espacio en los avisos gráficos y, por lo
tanto, tendremos que sacrificar algunas ofertas".
Las
tribulaciones del publicista Luna no son aisladas. Ricardo Anglés (34, contador
adjunto de la vicepresidencia del First National City Bank, de Buenos Aires)
tuvo que resolver otras cuestiones no menos intrincadas: "Solamente la
adaptación de las máquinas sumadoras convencionales nos demandó un gasto de
cuatro millones de pesos". Pero el mayor escollo que debieron superar los
bancos fue el de stock de libretas de cheques impresas con el sello en pesos
moneda nacional (m$n). "Por suerte, la Asociación de Bancos -señala Anglés-
llegó a un acuerdo con el Banco Central y lo único que habrá que hacer es
escribir, antes de la cantidad librada, la nomenclatura pesos ley 18.188; de no
haberse decretado eso hubiéramos tenido que imprimir nuevas chequeras".
Lo
que no pudieron evitar los bancos fue el entrenamiento de empleados y cajeros
en el manejo de los tres tipos de moneda que coexistirán durante dos años.
"Además - agrega Anglés- debimos adiestrar a un grupo de empleados que,
por el tiempo necesario, procederán a dar todas las explicaciones pertinentes a
los clientes más despistados. Pero no sólo eso: despachamos alrededor de 2.500
circulares a nuestros corresponsales de todo el mundo para que no olviden de
escribir pesos ley 18.188 o new argentino peso cuando giren contra nuestro país;
de lo contrario se producirían diferencias millonarias en las cantidades".
Complementando estas medidas, el Banco City lanzó su propia campaña de
esclarecimiento entre sus clientes, distribuyendo folletos explicativos que
demandaron una inversión aproximada al millón de pesos.
Los
directivos del Banco de Londres prefirieron, por su parte, una vía directa:
distribuyeron facsímiles de los nuevos cheques entre sus clientes y modificaron
el código de su computadora para "acostumbrar su memoria" a los centavos.
Al
margen de las complicaciones semidomésticas, la reforma de la moneda ha ganado
férreos defensores y mordaces detractores
Ricardo
Díaz Herrera (44, responsable de la Gerencia de Investigaciones Económicas del
Banco de Londres) no duda en arriesgar: "La disposición es el producto de
una economía en desarrollo, que persigue el efecto psicológico de educar a la
gente en la valoración de! dinero. Se volverán a ahorrar los centavos, como
antes, y de esta manera los pesos van a venir solos; e! dólar se irá a 3,50 y
entonces habrá pocas monedas que estén por encima de la nuestra. El peso fuerte
estará respaldado por el sacrificio que se ha hecho en materia de estabilidad
monetaria; y por si ello fuera poco, el cambio se establece en momentos en que
la tasa inflacionaria es casi similar a las de los países desarrollados".
La teorización de Díaz Herrera no exime el humor: "Además -ironizó-, ya no
habrá millonarios en moneda nacional sino milenarios en pesos argentinos".
Con
algunas diferencias y menos jocoso, el doctor, Juan Carlos Bustos Angeloz (43,
gerente de la División Servicios Bancarios Personales del City Bank) analizó:
"La medida surgió con el objeto de afianzar la estabilidad que el país
venía buscando. Con este cambio se trata de que la gente valore el dinero hasta
que nazca, espontáneamente, un movimiento en defensa del signo monetario. Todos
discutiremos hasta el último centavo, pero se producirá un énfasis sobre el
ahorro que perjudicará el consumo. Por eso temo que el redondeo de tos precios
en los productos de primera necesidad encarezcan indebidamente la canasta
familiar",
No
tan complaciente, el taxista Juan Caries Alfiero (53) trepidó: "Ahora no
solo tengo que llevar encima un monedero sino que voy a pasarme el día haciendo
cuentas. Por suerte no se le ocurrió a nadie cambiamos el fichaje del reloj,
porque en ese caso también hubiera tenido que gastarme unos 10 mil pesos en
arreglos".
Para
un ex ministro de Economía del gobierno peronista, Antonio Cafiero (46), la
reforma monetaria adolece de serias fallas: "La medida -descerrajó- fue
lucubrada durante la administración de Krieger, cuando los síntomas de
estabilidad parecían firmes; luego se comprobó que esa estabilidad era ficticia
y éste es el resultado: el gobierno busca lograr un efecto psicológico
tendiente a prolongar las expectativas de los argentinos. Desde ya puedo decir
que la reforma de la moneda no traerá apareada ninguna mejora económica.
Además, advierto un serio peligro: si lo que se quiere es acentuar la
estabilidad monetaria externa, reflotando el mito de la paridad del peso
argentino con el dólar, lo que se logrará es revertir ese intento en una suma
de sacrificios en función del mito, postergándose así las auténticas
posibilidades del desarrollo nacional".
Ajenos
a tanta polémica, a un hecho económico que tiene antecedentes internacionales
(antes que la Argentina, Francia quitó dos ceros a su signo monetario; Brasil y
Chile, tres), los billetes nuevos ya sobrevuelan sus paisajes de Llao-Llao, el
puerto de Ushuaia y cataratas del Iguazú (impresas en el anverso de los
papeles) por todo el país.
Egidio
lannella (48, presidente del Banco Central) no disimula su satisfacción:
"Produciremos un movimiento que defenderá la unidad monetaria buscando los
mejores precios en los productos. La reforma no es sino una lucha a muerte
contra los que aumentan los precios". No parece descabellado, entonces,
suponer que la nueva moneda logre un mayor respeto por el dinero, una
"mentalidad monetaria" (como la llaman los expertos) distinta:
"tal vez -como sugiere lannella- los argentinos controlen sus gastos,
reduzcan lo superfluo".
Por
supuesto, estas restricciones que se anuncian sólo se corroborarán con el
tiempo. El cambio de la moneda será gradual, ya que hasta 1973 circularán a la
vez la antigua y la nueva. "Mientras et Banco Central -enseña lannella-
agote sus existencias, poniendo el sello que otorgue al billete el valor que le
fija la ley 18.188, la gente se irá familiarizando con el cambio". Por
ahora la aritmética se ha vuelto una forzada inquietud de los argentinos.
"La culpa es nuestra -reconoce el presidente del Banco Central-, debimos
haber orquestado una mejor campaña publicitaria que explicara los alcances de
la ley".
Gracias Mágicas Ruinas: http://www.magicasruinas.com.ar/revdesto068.htm
viernes, 17 de abril de 2015
COMO ERA BUENOS AIRES EN MAYO DE 1810
BUENOS AIRES EN MAYO DE 1810
Las casa de los vecinos más importantes de la ciudad vivían cerca de la Plaza Mayor (la actual Plaza de Mayo), con preferencia al lado sur del fuerte.. Las casas eran generalmente de una planta, con techos de tejas o azoteas. Frente a la plaza se levantaban casas de dos pisos, conocidas popularmente como los "Altos" (por ejemplo, los Altos de Escalada). Las casas más modestas eran de adobe; las más ostentosas, de piedra o ladrillo, blanqueadas a la cal; todas con escasa participación de madera en su construcción, con fuerte rejas de barrotes de hierros verticales ("un londinense creería encontrarse delante de una cárcel" describió un viajero en 1820). Las paredes medianeras eran lo suficientemente bajas como para que se pudiera recorrer toda la cuadra por los techos de las casas.
"Las casas, aunque en general sólidamente construidas, estaban muy lejos de ser confortables. Por muchos años se edificó en barro, siendo relativamente moderno el uso de la mezcla de cal; muchos revoques se hacían también con barro. En las paredes sólo se empleaba el blanqueo, tanto al exterior como interiormente; la pintura al óleo y el empapelado casi no se conocían, y menos el cielo-raso; los pisos eran generalmente de ladrillo, denominados de piso" recuerda José Wilde en su libro Buenos Aires desde 70 años atrás.
"Las puertas exteriores son de materiales fuertes, y como los topes de las casas son chatos y se comunican y todas tienen parapetos altos, parecen haber tenido origen en un plan para servir como barreras yuxtapuestas contra los ataques repentinos de sus salvajes vecinos de las Pampas, que en tiempos pasados se precipitaban sobre los habitantes, sin ninguna prevención" señaló el capitán Alexander Gillespie. Buenos Aires visto por viajeros ingleses
"...por feas que ellas fuesen, prestaron aquellas rejas, en más de un sentido, buenos servicios; entre otros, el de poder dormir, como era muy común en aquellos años, con las ventanas abiertas en tiempo de verano" advierte Wilde "si bien es cierto que ni aún con rejas podían los amantes del aire fresco, verse libres de la astucia de los cacos. (...) armábanse de una larga caña, con un gancho o anzuelo en un extremo, que introducían por la reja, y con la mayor destreza, sustraían las ropas sin ser sentidos. No pocas veces, sin embargo, se han despertado los pacíficos habitantes a tiempo para ver salir balanceándose su reloj con cadena o su pantalón, en la punta de una caña".
Copiando el estilo de las casa del sur español, las casas poseían patios interiores cuadrados con un pozo ornamental en el centro. "Casi todas las casas tienen un jardín delante y otro detrás; y todos los que se lo pueden permitir tienen balcones con toldos y rejas, adornados con las más hermosas flores y arbustos que produce el mundo" apunta John Fairburn. Rosas, gardenias, jazmines, camelias y una multitud de enredaderas, eran las preferidas. "La ciudad presenta un aspecto bastante agradable por la profusión de jardines y árboles que forman contraste con la blancura de las casas (..) construidas unas en cal, otras en ladrillos y otras en piedra" .
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