lunes, 10 de agosto de 2015

"LAMBERTINE" THÉROIGNE DE MÉRICOURT

"LAMBERTINE" THÉROIGNE DE MÉRICOURT




Théroigne nació como Anne Josèphe Terwagne en el principado de Lieja el 13 de agosto de 1762 en Harcourt, en las Ardenas, cerca de La Roche, durante la época de la dominación austríaca. Perteneciente a una familia acomodada, tenía dos hermanos y su madre muere cuando tenía cinco años. Vive con una tía unos años quien la lleva a un convento para que reciba clases de costura, pero al resultarle la estancia tan costosa la mantiene en la casa y la trata como su sirvienta, por lo que la muchacha se escapa y retorna a su casa.

Al llegar, ya el padre se había casado nuevamente, y las condiciones financiera da la familia era cada vez más complicada y por mantener malas relaciones con su madrastra vuelve a marcharse con sus dos hermanos del primer matrimonio a casa de la abuela. Estuvo trabajando un tiempo en varios oficios (lechera, sirvienta y maestra de niños en la ciudad de Lieja).


Esbelta y bonita, "casi tan inteligente como un hombre”, se convierte en una cortesana al servicio de Madame Colbert en 1778. Inició entonces una vida como cortesana que la llevaron a Inglaterra e Italia, siempre como amante de algún caballero, hasta que en mayo de 1789 se instaló en Versalles.

Adquiere durante esa época con rapidez conocimientos de música y literatura, trasformándose en una mujer muy ilustrada para su época.

El inicio de la Revolución se encontraba en París y se incorpora a la Revolución francesa en sus primeras etapas y Théroigne adopta el nombre de LAMBERTINE por el cual será conocida.

Su vehemente defensa del derecho de la mujer a participar en la lucha y formar parte del ejército la hicieron famosa. Seguía los debates de la Asamblea Nacional en Versalles y mantenía informados a los seguidores de la Revolución desde el salón que creó en la calle Boulay para los encuentros de los revolucionarios como Camille Desmoulins, Pétion de Villaneuve, Jacques Pierre Brissot, Dantos, Mirabeau y otros y su salón se convierte en un "club revolucionario".



En medio de una reunión de jacobinos instó a muchas mujeres a entregar sus joyas del mismo modo en que lo hacía ella para ayudar financieramente al ejército insurrecto. Fundó junto a Gilbert Romme, la agrupación patriótica radical Sociedad Amigos de la Ley (Les Amis de la Loi), de la que era archivista, la sociedad se une al final con el club de los Cordeliers, entabló estrechas relaciones con Camille Desmoulins, Pétion y Sieyès y desde ese momento fue blanco de furiosas diatribas por parte de los monárquicos que tratando de desacreditar su imagen la convirtieron en un ser libertino, salvaje, sediento de sangre. Participó activamente en los Estados Generales.

Hábil con la pistola y el sable, Théroigne, fue parte de la vanguardia de la toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789, donde se presentó empuñando una espada - arma que manejaba con destreza al igual que la pistola - al frente de un grupo de mujeres y estuvo en todos los combates. Alfonso de Lamartine la describió en su Historia de los Girondinos:
“…una mujer joven y hermosa, vestida de hombre, que con un sable en la mano y un fusil a la espalda iba sentada (hacia el cuartel de las Tullerías) sobre un cañón que arrastraban los jornaleros, con los brazos desnudos”

Théroigne crea, asimismo, el Club de los amigos de la ley que se fusiona con el célebre club de los Cordeliers.

En 1790, endeudada, acusada de haber tomado parte en los acontecimientos del 5 y 6 de octubre cuando las masas de sans culottes irrumpen violentamente en Versalles, vuelve a su país natal y se instala en Lieja donde será arrestada por las autoridades austriacas en la noche del 15 al 16 de octubre de 1790. Internada en Kufstein, en el Tirol, es acusada de participar en un intento de asesinato contra la reina Maria Antonieta (hija del emperador Leopoldo II de Austria) pero tras gestiones dirigidas por ella misma ante el emperador, logra su libertad y consigue volver a París a últimos del año 1791.

El 26 de enero de 1792, Théroigne es recibida con todos los honores por los jacobinos y se pone a las órdenes de Jacques Pierre Brissot declarándose ferviente republicana. Hace entrega de sus joyas al club de los Cordeliers, que pasaba por dificultades económicas, e impulsa a todas las mujeres a apoyar a los ejércitos revolucionarios.

“¡Ciudadanas!, ¿por qué no competimos con los hombres? […] ¡Armémonos!, mostremos a los hombres que no somos menos en el coraje o la virtud […] elevémonos al nivel de nuestros destinos y rompamos nuestras cadenas; es hora de que las mujeres abandonen el vergonzoso estado de nulidad e ignorancia al que las condenaron por tanto tiempo la arrogancia y la injusticia de los hombres. Retornemos a los tiempos en que las mujeres de Galia discutían con los hombres en las asambleas públicas, y luchaban lado a lado con sus maridos contra los enemigos de la libertad.

Nuestra conducta en Versalles el 5 y el 6 de octubre y en numerosas ocasiones decisivas e importantes después demuestran que no nos son ajenos los sentimientos nobles y magnánimos […] ¿por qué no podemos competir con los hombres? ¿Sólo ellos merecen la gloria? […] también deseamos obtener una corona cívica y reclamar el derecho de morir por la libertad, una libertad aun más cara para nosotros, pues nuestros sufrimientos bajo el despotismo han sido más hondos.”

Es proclamada La primera amazona de la Libertad, y defiende, ardorosamente, los derechos de las mujeres al igual que otras "feministas" del momento como Olympe de Gouges o Madame Roland, pero a diferencia de ellas Theróigne apoya también la extrema violencia de los jacobinos.

Manteniendo la idea de defender los derechos de la mujer presentó una solicitud a la Asamblea:

Señores:
Esperamos que, animados por este espíritu de justicia, nos otorguéis: 
1ro: Un permiso para que nos sea posible poseer lanzas, pistolas y sables, y hasta fusiles para las que tuvieran la fuerza para usarlos, para lo cual nos someteremos a los reglamentos de la policía. 
2do: Otro para reunirnos los días de fiesta y los domingos en el Campo de la Federación u otros sitios adecuados, con el fin de ejercitarnos en el manejo de dichas armas.

No obstante, a fines de 1792 Théroigne empieza a perder popularidad debido a su creciente rechazo hacia las matanzas alentadas por los jacobinos radicales como Robespierre o Hébert.

En mayo de 1793, en el jardín de las Tullerías, Théroigne es acusada de apoyar a Brissot, devenido líder de los girondinos, luego es apaleada y despojada de sus vestiduras por un grupo de airadas mujeres del partido jacobino, que la azotan semidesnuda en las calles durante horas, tal violencia sólo se detuvo tras una orden del líder jacobino Jean Paul Marat.


Este acto humillante y su opinión de una revolución fracasada precipitan a Théroigne paulatinamente hacia la demencia: empieza a rechazar las vestimentas y a recluirse desnuda en su casa, arrojando sobre su cuerpo baldes de agua helada, poco después es internada en un manicomio.

Aunque despreciada por los más extremistas, su locura la salva de la guillotina pero la condena al ostracismo y pone abrupto fin a su participación en la vida social y política, al punto que Théroigne ya no es testigo del fin de la Revolución con la Reacción termidoriana y el encumbramiento del Directorio.


Un año más tarde de haber sufrido la golpisa por parte de las jacobinas, su hermano pide su tutela para manejar sus intereses financieros declarándola demente, se reconoce oficialmente loca y a principios de 1795 contando con 32 años, fue internada por su hermano en la casa del Faubourg Saint-Marceau Folles, en 1797 fue trasladada al Hospicio del Gran Hotel-Dieu y el 9 de diciembre de 1799, en la Casa de Locos de la Salpêtrière, fundado porPhilippe Pinel, donde quedó internada cerca de diez años hasta su muerte.

Su existencia inspiró a Charles Baudelaire quien le dedicó unas líneas en su obra poética Las flores del mal con los versos son los siguientes: “¿Habéis visto a Théroigne, amante de las matanzas, / excitando al asalto a un pueblo sin calzado, / con las mejillas y los ojos de fuego, representando a su personaje, / y subiendo, con el sable en la mano, las escaleras reales?”

Hasta sus últimos días conservó restos de hermosura, notándose particularmente la perfección de sus pies y manos.


Murió el 9 de junio de 1817 en el Hospital de la Salpétriére de París, tras veinticuatro años de ostracismo y sin haber recuperado la razón.

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