viernes, 15 de mayo de 2015

CHAU JUNTA GRANDE

CHAU JUNTA GRANDE



De aquella vital, sanguínea, visceral, Primera Junta, no había quedado ni la sombra. El grito de la Francia del 89 había sido ahogado en sangre. La oligarquía comenzaba a defender sus intereses con cualquier método. Así conservó sus privilegios durante dos siglos. La Junta de 1810 con una circular redactada por Castelli había invitado a las provincias del virreinato a sumarse al proyecto sudamericano. Fueron llegando a la gran Aldea los representantes del interior utilizados para atizar un falso federalismo en contra de quienes eran en realidad sus verdaderos aliados: los jóvenes morenianos. El saavedrismo y el dean Gregorio Funes supieron usar esa falsa contradicción y ese frente lo quebró sabiamente la burguesía rapaz de Buenos Aires. Fue su especialidad durante dos siglos de romper el espinazo de las alianzas revolucionarias.
Atizar las brazas de las falsas contradicciones.

Los diputados del interior habían sido utilizados para desmembrar al morenismo y pulverizar a Mariano Moreno. La Junta Grande, convertida en conservadora era una cadáver putrefacto. Solo faltaba que alguien tirara  al pozo y echarle tierra. Los tenderos aprovecharon una jugada del Dean Gregorio Funes que redactó un Reglamento Orgánico para limitar las atribuciones del Triunvirato de su activo secretario, don Bernardino. Un estatuto provisional y la disolución de la Junta Grande fue la operatoria que culminó con las vacaciones en Buenos Aires de los representantes del Interior. Medalla, beso y pasajes de vuelta fueron el gracias por los servicios prestados que la “pandilla del Barranco” le extendió a los representantes provincianos. Subidos con prisa y  sin más trámite en los vehículos que los llevaban de vuelta a sus provincias. Se alejaban de las luces de la Gran Aldea. 

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