viernes, 28 de agosto de 2015

LAS PALOMAS IMPÚDICAS

LAS PALOMAS IMPÚDICAS


El motín

El 1° de octubre de 1820, los porteños se vieron alarmados por un motín militar dirigido por el coronel Pagola y apoyado por Quintana, Agrelo, Sarrateea, Soler, y algunos partidarios federales. Querían derrocar al gobernador general Rodríguez “por pertenecer a la facción destruida del Congreso y del Directorio, enemiga de la libertad de los pueblos y de los patriotas”. Un gran desorden, tumultos, descargas de fusilería y batallones que atacan el Fuerte al grito de “¡Abajo la Facción!”.

El general Rodríguez sale precipitadamente del Fuerte con un grupo de ayudantes, y por la orilla del río se dirige al encuentro de Juan Manuel de Rosas que marchaba hacia la ciudad al frente de sus Colorados de Monte, unos mil hombres bien montados y equipados a su costa.

Juan Manuel, siempre estricto, disciplinado y defensor del orden legal, había dicho a sus soldados que lucharían para asegurar “la paz y restablecer el orden, olvidando perjuicios locales y políticos, Vamos a concluir con la guerra y buscar la amistad que respeta las obligaciones públicas” y proclamaba que “La división del sud sea el ejemplo: desconfiad de los que os sugieran especies de subversión del orden y de insubordinación”

En la ciudad convulsionada por el tumulto, los amotinados se sintieron triunfadores y convocaron a un cabildo abierto para el día 3 de octubre en el templo de San Ignacio, con el principal objeto de nombrar gobernador, cuyo candidato era Manuel Dorrego.

Según relata un testigo, a esa asamblea concurrieron, además de las facciones amotinadas, “algunos hombres de puñal, algunos federales de buena fe, extranjeros mirones y metidos, alguna gente decente en minoría y bastante chusma”


El loco Virgil

Rosas estaba acampado con Rodríguez en Barracas, y oponiéndose al desorden y a la insurrección, tramó un ardid para desbatar el cabildo abierto de San Ignacio; envió a la reunión a unos matarifes de avería, movilizados en los suburbios con algunos de sus peones, y puso al frente de esos “elementos”, al profesor italiano don Vicente Virgil, con el objetivo de desbaratar la asamblea.

Don Vicente era un loco charlatán, instrumento para la chacota de Rosas, famoso por sus discursos, y arengas disparatadas, como aquella proclama contra las palomas que “desde los techos escandalizan con sus hábitos desvergonzados a las tiernas niñas”

La asamblea

A poco de iniciada la asamblea, don Pedro José Agrelo pronunció una encendida arenga indicando a Dorrego como gobernador; el doctor Nicolás Anchorena, al replicarle violentamente, “sacó de sus bolsillos un par de pistolas, invocando con enérgicas voces el apoyo de todos los hombres del orden”. 

Fue entonces cuando el loco Virgil, que odiaba a los frailes, ocupó el pulpito como tribuna y desató una encendida diatriba: “¡Pueblo soberano! –exclamó señalando un altar- ¡Oh, bárbara preocupación! ¿Cómo se atreve Santa Teresa y los santos de palo a tener velas encendidas delante de la soberanía del pueblo?”

La gente que lo acompañaba prorrumpió en risotadas y la bataola dispersó la reunión, tal como lo había previsto Rosas, que en esos momentos destacaba patrullas de sus colorados por las calles de la ciudad atrayendo la adhesión popular. 

Leonardo Castagnino

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jueves, 27 de agosto de 2015

LAVANDERÍAS EN LA ANTIGUA ROMA "Entre orines y soda"

LAVANDERÍAS EN LA ANTIGUA ROMA "Entre orines y soda"


El funcionamiento de las lavanderías en la Antigua Roma por lo cual toda ciudad o colonia romana disponía de una o más fullonica. Se han hallado restos de estos negocios en Ostia, Barcino y Herculano, alguno de ellos como la de Stephanus en Pompeya en un excelente estado de conservación. Consistía en una tienda de lavado de ropa de hogar y vestimenta, algo nada relevante excepto por el modo en que se realizaba dicha limpieza antes del uso de sustancias químicas artificiales. El orín humano era la materia prima principal que se usaba en la balsa de enjuague (saltus fullonici), pues el amoniaco que contiene, conjugado con cal y cenizas como blanqueantes, conseguía extraer las manchas de las túnicas, togas y manteles de lana. Su obtención era curiosa, desde importado en ánforas de remotos lugares (el hispano era considerado el de mejor calidad) o recogido en las letrinas públicas e incluso, como en los actuales urinarios de un centro comercial, directamente desde las paredes de la fullonica donde había dispuestas medias ánforas perforadas en su base para que los transeúntes pudiesen aliviar sus vejigas paseando por el pórtico. En Pompeya pueden leerse letreros en las paredes que invitan a hacerlo. Estos orines se mezclaban en las ánforas con las cenizas y la cal y se vertían después en las balsas donde los esclavos se encargarían de enjuagar las telas como si de un lagar se tratase, pisando las prendas e impregnándolas con la pestilente pero detergente emulsión de soda y orines.
El proceso era muy sencillo: tras una breve inspección de las prendas y realizados los remiendos y composturas pertinentes, eran echadas a la balsa para el intenso pisoteo de los esclavos. Una vez las manchas habían desaparecido, las prendas eran llevadas a una balsa exterior más grande, llamada lacuna fullonica, donde se enjuagaban con agua de lluvia recogida en el impluvio, se escurrían y después se tendían al sol, perfumándolas con esencias herbales y florales una vez secas por unas pocas monedas más para los clientes más acomodados. Con el tiempo, el servicio se hizo caro, especialmente después que el Emperador Vespasiano impuso un tributo sobre la orina humana.
En Pompeya se han encontrado restos de al menos once fullonicas. También se han localizado en la ciudad de Ostia tres grandes y dos menores, y en Barcino, actual Barcelona, donde se conservan en el Museo de la Ciudad de Barcelona,  cuatro estancias del siglo II con una pileta para el lavado y una pila para el aclarado.
Fuente: http://www.siemprehistoria.com.ar
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miércoles, 26 de agosto de 2015

EL TAMBOR DE TACUARÍ

EL TAMBOR DE TACUARÍ


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Niño heroico.

En la batalla de Tacuarí, el 9 de marzo de 1811, entre el ejército de Belgrano se destaca la actuación de un niño conocido con el nombre de "Tambor de Tacuarí", que es el símbolo del heroísmo de la niñez en las gestas de la Patria. 

El 9 de marzo está señalado, en los calendarios escolares, como día de recordación del niño héroe. Artistas plásticos, escultores y poetas argentinos se han inspirado en "El Tambor de Tacuarí". 

Edmundo Serpa en "Historia de los Cuatro Siglos de Corrientes", dice que el niño se llamaba Pedro Ríos y contaba con sólo 12 años de edad cuando se incorporó al Ejército Libertador de Belgrano en su campaña a Paraguay. 

Juan C. Díaz Ocanto, miembro de la Asociación Belgraniana de Corrientes, arroja luz sobre este tema, concluyendo que el tamborcito había nacido en el establecimiento agropecuario "San Ignacio", Paraje Lomas de Verón, 1° sección del actual Departamento de Concepción de Yaguareté Corá, en la Pcia. de Corrientes. 

Su aceptación como bisoño miembro de un ejército estuvo condicionada a servir de "lazarillo" al Mayor Celestino Vidal. En valioso testimonio, el mismo Belgrano lo evoca junto a las "Niñas de Ayohuma", como el recuerdo más hermoso de su vida militar. En la plaza principal de Concepción se levanta un monumento en su memoria, réplica de la que se erige en el Colegio Militar. 

También en La Plata, en la plaza Máximo Paz, existe un monumento a este verdadero mártir inocente de la Campaña al Paraguay. 
Rafael Obligado le compone estas versos:

Es un grupo de argentinos
el que marcha a combatir;
es la Patria quien los mueve
y es Belgrano su adalid.
Con la bala y con la idea
traen de Mayo el boletín;
y las selvas paraguayas
van abriendo al porvenir,
mientras juega con sus chismes
el Tambor de Tacuarí.

Rompe el aire una descarga,
el cañón entra a crujir,
y un vibrante son de ataque
los empuja hacia la lid.
Bate el parche un pequeñuelo
que da saltos de arlequín,
que se ríe a carcajadas
si revienta algún fusil,
porque es niño como todos
el Tambor de Tacuarí.

Es horrible aquel encuentro:
cien luchando contra mil;
un pujante remolino
de humo y llamas truena allí.
Ya no ríe el pequeñuelo:
suelta un terno varonil,
echa su alma sobre el parche
y en redobles le hace hervir:
que es muñeca la muñeca
del Tambor de Tacuarí.

-¡Libertad! ¡Independencia!
parecía repetir
a los héroes de dos pueblos,
que entendiéndose por fin,
se abrazaron como hermanos;
y se cuenta que de allí.
Por América cundieron,
Hasta en Maipo, hasta en Junín,
Los redobles inmortales
Del Tambor de Tacuarí




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Don Hipólito Suárez "Un sargento de la Independencia"

Don Hipólito Suárez "Un sargento de la Independencia"



El diputado a la Legislatura de Tucumán, don Lisandro Aguilar, ha descubierto en el pago de Valderrama, a dos leguas de la estación Río Colorado del Ferrocarril Central Córdoba, la existencia de uno de los escasos sobrevivientes de nuestras luchas de la Independencia y del caudillaje.
Es el ex sargento de Húsares de Lamadrid, don Hipólito Suárez –conocido por el descubridor-, de 106 años de edad, que vive aún en la ranchada donde nació, separada del resto del mundo por dos ríos caudalosos que la mantienen casi aislada.
Suárez a pesar de su avanzada edad y de las rudas campañas que ha soportado en aquellas épocas en que el soldado de la patria no recibía sueldo, vestuario ni comida –teniendo que proveer por sí mismo a todas las necesidades- se conserva fuerte y vigoroso.
Según los datos que a su respecto hemos podido recoger, se mantuvo en servicio activo desde 1812 hasta la batalla del Pozo de Vargas, en 1867, y asistió a casi todos aquellos combates en que Lamadrid actuó.
Fue uno de los de Culpina y en la célebre batalla de Angaco, en que Acha, atacado por Pacheco, fue aniquilado, se salvó juntamente con el coronel Albornoz –siendo los únicos sobrevivientes de la acción- debido a los empeños de un hermano que servía en las fuerzas federales.
Entre sus recuerdos se perfilan las figuras del Belgrano y de San Martín, a cuyas órdenes sirvió asistiendo no solamente a la Batalla de Salta y de Tucumán, sino también a la casi disolución del Ejército del Norte; la silueta descolorida y débil de Rondeau y las de Lavalle, de Paz, de Dorrego, de Necochea, de Acha, de Roca, de Lugones, del legendario Güemes y de aquel Lamadrid.
- “Si, señor –exclama-, me parece ver todavía al General montado en su inseparable zaino, chupando caramelos y diciendo: hijitos, el que tenga miedo que se vaya”.
Y al viejo se le avivan los ojos al traer a su memoria aquellas horas amargas del campamento, en las quebradas de Jujuy, cuando en las noches heladas tiritaba sobre su caballo durante las largas horas de facción como centinela perdido.
- “Aquello si que era patria, señor, y cómo la queríamos.  ¡Por ella se pasaba hambres de días, sin sentir, y semanas sin pitar, y años sin visitar a la familia!”.
Hoy el viejo veterano ve sin amargura la ingratitud de los contemporáneos y contempla desde lejos sus luchas sin ideales.
- “Pero vea, Suárez… con recuerdos no se come; hay que trabajar”.
- “No le digo que no, señor… Nosotros también teníamos que comer y que  pitar y que gozar de la vida… ¡vaya!… Y sin embargo, si se hablaba de la patria se nos acababan las necesidades.  Cuando la Independencia, señor, fuimos con el general Lamadrid, que Dios tenga en su santa gloria, y alcanzamos hasta Potosí, que el General, de puro caballero, no quiso tomar de noche, porque los españoles estaban durmiendo y no quería despertarlos con tanta descortesía: al otro día le salió la vaca toro.  ¡Bueno!  ¿Y sabe?… nos pasamos dos años sin que la patria nos diera ni un cigarrillo y nadie protestó ni nadie echó un pie atrás.  ¡Amigo, que era entusiasta la muchachada!…  Yo era sargento de órdenes del General y en las marchas mandaba las descubiertas, lo que quiere decir que era de confianza y sin embargo, un sin fin de veces he andado con la chaquetilla sobre el cuero y otras tantas lo he visto al General y a los oficiales sonándose las narices con los dedos, porque no tenían más hilachas que las del uniforme… ¿Y ve?  Yo nunca he cobrado sueldos ni la patria se ha acordado de pagármelos y hasta creo, que a pesar de haberle servido cincuenta y seis años seguidito, ni figuro en las listas.  ¡Como para listas y apunte nos tenían los enemigos!…  ¿Cree que aquello era juguete?  A cada minuto teníamos el cuero empeñado…  Yo he visto muchas cosas, señor, y cada día veo más, aunque ya me estoy quedando corto de vista y hasta me parece que soy un emigrado en alguna otra tierra que no es la mía”.
- “Todo cambia, amigo Suárez.  Hay que tener paciencia y barajar…”
- “¿Para qué, si no hay quien corte?…  Yo amigo, pronto dejaré el naipe, que demasiado he tallado, y después que me muera no quedará ni este rancho viejo que hizo mi madre y yo he sabido conservar…  Ya verá como el viento desparrama las pajas y los adobes y se lleva los míos a correr tierras por donde el diablo perdió el poncho…  Quedará de mi, lo mismo que ha quedado de los miles de hombres que penaron y sufrieron para fundar esta patria…  ¿Quién se acuerda de tanto pobre que se desnucó bajando un cerro para llevar una orden o a quien dejaron seco de un lanzazo o de un tiro en el cruce de los caminos?…  ¡Bah!…  al que se moría lo charqueaban los cuervos y se acabó…  Pero hay que tener entusiasmo amigo: eso hace vivir como la carne y el aire, créame…  Yo con eso nomás he vivido más del siglo y siempre he estado contento, ¡que diablos!  Y le doy gracias a Dios.  Vea, una vez, cuando marchábamos a San Juan, iba conmigo en la avanzada un negrito riojano, criado de los Bazán…  ¡Qué negro que sirvió, amigo!…  Una noche estaba de escucha y se durmió para siempre, pues una avanzada enemiga lo degolló.  Bueno amigo, ante de marchar recogimos el cuerpo y para medio librarlo de los pájaros lo pusimos entre un cuevón grandísimo que había en la falda del cerro y lo dejamos sin ponerle una cruz de palito… Vaya: el negro no dejaba en la tierra sino los huesos,  ¿quién se iba a acordar de él, ánima bendita?… Bueno, como a los cuatro años, de vuelta de la campaña de Córdoba, después de haber andado por Buenos Aires y por el demonio, venía con otros dos derrotados, faldeando el mismo cerro para llegar a este pago.  A fin de que no nos sintieran caminábamos sólo de noche y ya hacía como veinte horas que no tomábamos ni un mate cuando de repente  se levantó un tormentón bárbaro que se llevó cuesta abajo a uno de los compañeros, y lo estrelló.  Nosotros seguíamos nomás y alcanzamos al cuevón aquel en que dejamos al negrito y del que ya no me acordaba…  ¿Quiere creer que los huesos del pobre nos sirvieron para hacer fuego esa noche, y siquiera medio secarnos?…  Vea lo que es el destino de algunos, ¿eh?…  Son útiles hasta después de muertos, y otros ni cuando vivos sirven para nada…
Fuente
Alvarez. José Sixto (Fray Mocho), El centenario Hipólito Suárez
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Revista Caras y caretas, Año II, Nº 21, 25 de febrero de 1899.
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Felipe Díaz "El último guerrero de la Independencia"

Felipe Díaz "El último guerrero de la Independencia"



La muerte del centenario fue muerte sin agonía ni estertores.  Suavemente exhaló el último suspiro entregando su alma al Creador, y cuando su nieta Isabel Díaz de Thompson, entró en la habitación del anciano, de donde había salido momentos antes para prepararle una taza de té con leche, encontró su cadáver.
Felipe Díaz, que falleció a la edad de 136 años, según cálculo aproximado, llevaba una vida retirada, viviendo casi en la miseria y olvidado de todos.  Nuestro compañero Bartolomé Mitre y Vedia, que a su ingenio no común unía un gran corazón, descubrió, esta es la palabra, al viejo soldado, y supo mover, contando su historia y sus vicisitudes, la piedad y el patriotismo de todos.  Una pequeña pensión permitió al modesto actor de la epopeya patria, concluir el resto de sus días sin tribulaciones ni escaseces.
La última vez que Felipe Díaz salió a la calle, fue el día 24 de mayo, y desde esa fecha tuvo que meterse en el lecho, que ya no debía abandonar más.
Al entierro del veterano asistió un numeroso público, que quería rendir el postrimer tributo al último guerrero de la Independencia, presidiendo el duelo el ministro de la guerra, coronel Pablo Riccheri.
Los restos de viejo guerrero fueron depositados en el panteón militar, siendo despedidos con sentidas palabras por el doctor Eulogio Fernández, médico de Sanidad Militar, coronel Smith, señor Mario Gorostarzu, una de las personas que más influyeron para mejorar la suerte de Felipe Díaz, y Rev. Morris.
Fuente
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Revista Caras y Caretas, Año IV, Nº 144, 6 de Julio de 1901
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martes, 25 de agosto de 2015

BATALLA DE CAMPICHUELO

BATALLA DE CAMPICHUELO - 19 de diciembre de 1810  



Operaciones militares en territorio paraguayo  
(diciembre de 1810-marzo de 1811.    




















La Junta Grande de Buenos Aires determinó mandar una expedición al Paraguay en atención a que se creía que allí había un gran partido por la revolución. Gobernada Velasco, Paraguay no adhiere al movimiento revolucionario de Buenos Aires. El 24 de septiembre se acordó enviar al general Manuel Belgrano quien por decreto del 4 del mismo mes, había sido investido del cargo de gobernador y capitán general de los pueblos de la Banda Oriental.

Debido a que los realistas paraguayos habían retirado todas las embarcaciones del río Paraná en sus fronteras, las fuerzas al mando de Belgrano debieron cruzarlo con un gran número de balsas, botes y canoas construidas al efecto, llevando gran parte de las cargas en odres de cuero.

El cruce se realizó el 19 de diciembre de 1810 a partir de la antigua capital misionera Santa María de la Candelaria (actual Provincia de Misiones) y por sitios próximos ubicados en la actual Provincia de Corrientes. Belgrano cruzó al frente de una reducida fuerza: 800 hombres, mitad de caballería e infantería, con 6 cañones de pequeño calibre. A su frente se hallaban las avanzadas paraguayas realistas de 500 hombres al mando de Pablo Thompson. Belgrano difundió una proclama entre los defensores por la causa de la libertad de los pueblos y para que se unan a sus filas, ante su negativa atacó y derrotó a la guardia realista paraguaya.

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lunes, 24 de agosto de 2015

Datos curiosos Revolución de Mayo

Datos curiosos Revolución de Mayo

¿Cuanto Sabes sobre la revolución de Mayo de 1810? algunos datos curiosos de la Época
1. •- Modales indecorosos en el Cabildo Abierto del 22 de Mayo de 1810.
El Coronel Francisco Orduña (partidario del Virrey), contará horrorizado que mientras hablaba fue tratado de loco por no participar de las ideas revolucionarias. También decía que “a los que no votaban contra Cisneros, se les escupía, se les mofaba, se los insultaba y chiflaba”.

2. • No hubo tantos paraguas,  el 25 de Mayo de 1810 ,como hemos visto hasta el hartazgo en las láminas del Billiken. El paraguas era un objeto caro y de lujo en estas pobres colonias, pues eran importados de Inglaterra, y solo una tienda los vendía en el viejo Buenos Aires. Sólo los ricos accedían a comprarlos.
3. • En el único teatro existente en Buenos Aires se había armado un escándalo días antes de la revolución? Resulta que los españoles suspendieron la exhibición de una pieza teatral donde se criticaba a las autoridades vigentes. La gente se opuso a tal suspensión y fue a la casa del actor a buscarlo para que interpretara la obra.
4. • Las cosas dulces eran las preferidas en la época colonial? Se hacían bocadillos de papa o batata, cuajada, frutas, mazamorra y natilla.
5. • Los platos predilectos eran sopa de arroz, asado, matambre, sopa de fideos, puchero, carbonada, picadillo con pasas de uva, guisos, albóndigas, estofado y zapallitos rellenos? Además, las comidas finalizaban con un caldo que se servía en taza.
6. •Las viviendas  Durante más de dos siglos desde su fundación, las viviendas familiares fueron muy humildes. Eran casonas de adobes con techos de caña y barro. Recién alrededor de 1800 los registros históricos hablan de casas con revoques de barro pintados a la cal y a veces un zocalillo de distinto color o revestido de piedra laja. Era característica la ancha puerta a la calle, de hojas macizas de algarrobo, adornadas con clavos de cabeza y un gran aldabón redondo. Las ventanas tenían rejas de madera o de hierro forjado.
7. • Los solares tenían generalmente 24 metros de frente por 60 de fondo, aunque los había mayores. Las casas de las familias más pudientes la puerta abría a un zaguán con arco de medio punto y piso enladrillado o con un camino de lajas, con habitaciones a uno y otro costado Muchas casas tenían hasta tres patios. El primero se comunicaba con la sala en la que se recibían las visitas; el segundo estaba rodeado por las habitaciones mientras que el tercero, al fondo, era destinado a la huerta familiar, la cocina y las industrias domésticas.
8. Las fiestas religiosas • La vida social durante la época de la colonia estuvo en San Juan estrechamente vinculada a actividades y fiestas religiosas. Semana Santa, Corpus Christi y los días de los patronos San Juan y San Pedro eran las festividades más importantes. • Los días jueves y viernes santo los miembros del cabildo, el clero, los miembros de las órdenes religiosas y la población en general recorría en procesión las cuatro cuadras de la plaza llevando la imagen de Cristo.
9. • Las mujeres asistían a misa acompañadas de sus esclavas, que llevaban la alfombra sobre la que se arrodillaba la señora? No existían en las Iglesias los bancos para sentarse.

10. • La moda en la colonia variaba según el grupo social. Los más pudientes traían telas de Europa, así como sombreros y otros accesorios. Las damas de alta sociedad vestían al estilo español, con faldas anchas y largas y enaguas bordadas y con puntillas y blusas de encaje o lino. Era habitual el uso de mantillas, peinetones y zapatos con hebillas de plata.
11. • Los hombres de las clases altas vestían capas de paño, pantalones ajustados y calzones de lienzo, camisas de seda y corbatas que terminaban en flecos. Como calzado, usaban botas adornadas con incrustaciones de plata.
12. • Las personas de menos recursos vestían de manera sencilla, con prendas que ellos mismos confeccionaban con telas de algodón y lanas de guanaco o vicuña. Era común el uso del poncho.
13. •En 1810 éramos algo más de 400 mil habitantes en el actual territorio argentino
14. Los medios de transporte y comunicación • Las personas que escribían y recibían cartas debían esperar mucho tiempo, ya que los medios en que viajaban eran muy lentos, no existían aviones ni automóviles las mismas iban en barco o eran llevadas por un cartero llamado chasqui quien viajaba a caballo. Las cartas debían ser retiradas en la oficina pública de la zona.
15. • Los medios de transportes de aquella época eran escasos, existían las carretas, vehículos de dos ruedas grandes y techo de paja o de cuero de vaca tirada por bueyes, el viaje en carreta era muy lento e incómodo. Las diligencias o galeras las cuales eran un poco más cómodas eran tiradas por caballos.
16. • También se viajaba en caballos, el medio de transporte más veloz de aquella época, los jinetes cuando viajaban por largos caminos de tierra se detenían a descansar en pulperías donde comían, jugaban, escuchaban música y descansaban un rato para seguir luego su agotador viaje.

17 • Tres de los nueve miembros de la Primera Junta no nacieron dentro de los límites actuales de la Argentina. Cornelio Saavedra nació en Hacienda de la Fombera (Potosí), hoy Bolivia, y Domingo Matheu y Juan Larrea eran españoles, oriundos de Cataluña.

18. • El integrante más joven de la Primera Junta era Juan Larrea, quien tenía sólo 23 años en el momento de su formación. El integrante más viejo era Miguel de Azcuénaga, de 55 años. La edad promedio de todos los miembros, en 1810, era de 43 años.

19. • En 1795, el inventario de mercaderías de una tienda porteña constató que había allí 27 paraguas de hule, que se vendían a 4 reales cada uno. Por lo tanto, resulta verosímil la tradicional – pero controvertida – imagen que muestra a los vecinos de la ciudad de Buenos Aires protegiéndose con paraguas frente al Cabildo aquel lluvioso viernes 25 de mayo de 1810.

20. • El vocal Manuel Belgrano, que tenía 39 años en 1810, era abogado y había ingresado en 1807 en el Regimiento de Patricios con el rango de sargento mayor. Domingo French, de 36, se había desempeñado como cartero antes de iniciar la carrera militar. La Primera Junta le otorgó el grado de coronel.

21. • Muchas familias criollas bautizaron a sus hijos con nombres alusivos a la revolución de mayo. Por ejemplo, un padre llamó a su flamante primogénito Primo Patricio Liberato.

22. • La construcción del Cabildo, tal como lo conocieron los patriotas en la época de la revolución, se realizó entre los años 1725 y 1764. El edificio sufrió modificaciones en los años 1861,1880, 1889, 1931 y 1940.

23. • El periódico de la Revolución de Mayo, llamado la Gazeta de Buenos Aires, fue el antecedente de lo que hoy en día se conoce con el nombre de Boletín Oficial de la República Argentina. Si bien su primera aparición fue semanal, con el correr de los años se transformó en una publicación diaria.

24. • No todo el mundo pudo concurrir al Cabildo Abierto. Los únicos autorizados –además de los políticos y militares- eran los vecinos casados, afincados y arraigados en Buenos Aires. En total se reunieron alrededor de 200 personas.

25. • La mujer honrada y de buenas costumbres solo tenía tres oportunidades para salir de su casa: el bautismo, el casamiento y su entierro. Fuera de éstas, su influencia estaba atada a los secretos de familia. Su ámbito social eran las tertulias.

FUENTE: Radio El Tala de Catamarca: ¡Gracias!
http://www.radioeltala.com/nota/2540/datos-curiosos-revolucion-de-mayo